Opinión

Compleja perspectiva climática

El mes pasado diversos especialistas nacionales e internacionales en meteorología y climatología, convocados por Conagua en el Foro de Predicción Climática, emitieron sus perspectivas para el clima entre mayo y octubre de 2014.

Señalaron que inició el desarrollo del fenómeno de El Niño, que se consolidará en la segunda mitad del año y será de larga duración, lo que podría traducirse en sequía intensa en regiones del centro y sur del país, así como en una disminución de lluvias y aumento de la temperatura en el noreste, golfo-centro y sureste. Estas no son buenas noticias para la agricultura, en la medida en que el ciclo primavera-verano se desarrolla en esas regiones entre abril y septiembre, ni para la ganadería por la disponibilidad de agua para los animales.

No hay duda de que en los últimos años se han realizado acciones importantes en materia de adaptación y mitigación del cambio climático.

En 2009-2013 se rehabilitaron más de 450 presas; se inició la modernización del Sistema Meteorológico Nacional (SMN) con radares, estaciones automatizadas, observatorios y sistemas de alerta; se tecnificó el riego en más de 1.7 millones de hectáreas; y se avanzó en la reorganización y planeación de distritos y unidades de riego. Además, se emitieron más de 41 mil boletines y avisos oportunos sobre la incidencia de eventos meteorológicos e hidrometeorológicos extremos y se elaboraron diversos planes y estrategias contra la sequía a nivel regional en cuencas hídricas prioritarias y vulnerables. La pregunta es si esas acciones con suficientes y se están realizando con la oportunidad requerida.

De acuerdo con la OCDE, en su “Revisión de las Políticas de Administración de Riesgos: Impulsando la Resiliencia a Través de la Administración Innovadora de los Riesgos” (mayo de 2014) señala, entre otros factores, que los cambios regulatorios vinculados con los riesgos no van a la par de su incremento, la aplicación de la regulación es insuficiente y las empresas e individuos consistentemente subinvierten en la prevención de riesgos, derivado de que esperan que los gobiernos lo hagan por ellos o que corra a cargo de los gastos cuando se presenta un desastre natural.

En ese marco, esa organización recomienda una estrategia socialmente inclusiva, que considere mecanismos para determinar quién es el “dueño” del riesgo y, por tanto, éste adopte medidas preventivas y/o asuma los costos correspondientes, así como incrementar la difusión de la información sobre riesgos, entre otras medidas. El papel de los gobiernos debe ser crear un sistema institucional de incentivos para aumentar la capacidad de sobreponerse a situaciones adversas (resiliencia).

En el caso de México, no es suficiente modernizar el SMN. Se requiere que la información que genera se transmita oportunamente a la población; hoy los medios de comunicación (sobre todo la telefonía celular, que tiene una penetración de más de 75 por ciento del total de hogares) lo permiten. A los productores agropecuarios además es necesario capacitarlos para utilizar la información; poco se ha avanzado en esta materia.

Otro elemento clave es la cultura del aseguramiento, muy escasa en México. Según la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros, sólo 5.1 por ciento de las viviendas cuentan con algún tipo de seguro; 7.0 por ciento de la población tiene contratado un seguro de vida y 5.0 por ciento de gastos médicos mayores; y sólo 47 por ciento del parque vehicular está asegurado. En el sector agropecuario la situación no es mejor: menos de la mitad de la superficie sembrada se asegura y apenas una quinta parte del hato ganadero.

El gobierno tampoco contribuye a crearla. Mientras que en 2014 los recursos totales destinados al sector rural aumentarán 8.0 por ciento en términos reales con respecto al año pasado, los canalizados a la aseguradora pública agropecuaria sólo lo harán 2.9 por ciento, en tanto que para los destinados a complementar las primas de seguros y atención de desastres naturales no tendrán incremento real. Compleja perspectiva para una situación climática adversa.

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