Monterrey

Cuesta caro a gobierno contaminación en Monterrey

La ciudad rebasa las normas mexicanas e internacionales en nivel de contaminantes.
DANIEL ANGUIANO
danguiano@elfinanciero.com.mx
26 mayo 2016 9:1 Última actualización 26 mayo 2016 9:8
Contaminación

AFECTACIÓN. El tipo de contaminación de Monterrey y sus municipios conurbados es principalmente compuesta por partículas de 2.5 micrómetros.

La contaminación del aire en el área metropolitana de Monterrey tiene un impacto en la salud de sus habitantes que en términos económicos costaría al gobierno federal alrededor de mil millones de dólares anualmente por concepto de servicios de salud, dijo el investigador del Tecnológico de Monterrey, Gerardo Mejía, especializado en modelación ambiental.

Explicó que si se considera la población de 4 millones de habitantes en el área metropolitana de Monterrey y se multiplica por un costo promedio de poco más de 200 dólares por habitante derivado del tratamiento de enfermedades respiratorias, por la mala calidad del aire, el impacto superaría los 800 millones de dólares anuales.

“Con todo esto se estima un incremento en los casos de enfermedades respiratorias, así como el aumento en la mortalidad”, dijo.

Añadió que el tratamiento de estos malestares tiene un costo que va de los 100 a los 300 dólares por año por persona.

“Si lo vemos en una perspectiva de un joven que empieza a trabajar a los 23 o 24 años y lo va a hacer por cuarenta años, si se ahorra 200 dólares al año, pues juntaría alrededor de 8 mil dólares en su vida laboral”, dijo.

Hace unos días, la Organización Mundial de la Salud dijo que Monterrey, Toluca, Salamanca y León fueron las que registraron los mayores niveles de contaminación durante el 2011, superando los parámetros registrados el año pasado por la Ciudad de México.

Mejía explicó que el tipo de contaminación que existe en la ciudad provoca trastornos a la salud que van desde las enfermedades respiratorias agudas, irritación o hasta daño permanente a los pulmones.

“Entonces la pregunta es, si con eso va a poder cubrir los gastos en salud por haber vivido en una ciudad contaminada; casi cualquier médico le va a decir: no va a haber forma, es muy caro atender las enfermedades respiratorias”, comentó.

El especialista dijo que el tipo de contaminación de Monterrey y sus municipios conurbados es principalmente compuesta por partículas de 2.5 micrómetros, mismas que tienen la capacidad de albergarse en los alvéolos del pulmón.

Indicó que los estudios que se han realizado al respecto, revelan que en la ciudad se sobrepasan los estándares de contaminación señalados por las normas mexicanas y por la Organización Mundial de la Salud en hasta tres veces.

“En la norma oficial marca 12 microgramos anualmente por metro cúbico y aquí andamos, dependiendo de la zona, hasta arriba de 30 microgramos anualmente”, señaló.

Comentó que al analizar la composición química de las partículas, se encontró que en un 46 por ciento son primarias, es decir, que provienen directamente de la fuente de emisión, que en este caso son los automóviles, las emisiones industriales o la erosión del suelo.

“El humo que vemos no son gases, son pequeñas partículas o algunos procesos industriales”, destacó Mejía.

Explicó que los contaminantes principales, que se encuentran en estas partículas, son el sulfato de amonio (óxidos de azufre), del cual un precursor importante de estos es la refinería y los combustibles que se usan en la industria.

Mientras que otra de estas sustancias son los óxidos de nitrógeno o el amonio, que provienen de los automóviles, por lo cual recomienda que se incentive el uso de transporte público.

“Si se hace en un forma eficiente este transporte, con horarios definidos, cómodo, pues la gente puede ver ventajas, es una muy buena estrategia. Y las medidas paliativas, ayudan pero no solucionan el problema”, indicó.

Por su parte, Guillermo Martínez Berlanga, ambientalista con más de 25 años de experiencia, explicó que a pesar de la gravedad de las condiciones ambientales de la ciudad, no existe una política de estado para contrarrestar los estragos de la contaminación.