Monterrey

Crónica 

“No guardo rencor a mexicanos”
DANIEL ANGUIANO
danguiano@elfinanciero.com.mx
10 octubre 2016 9:51 Última actualización 10 octubre 2016 9:56
Migrantes frontera texana (NYT)

Al cruzar, los migrantes se entregan, lo que ha sido calificado como un creciente desafío para las autoridades de inmigración. (NYT)

Del lado izquierdo de la cabeza, encima de la oreja, Humberto tiene recién delineadas cinco estrellas. Cada una, explica, representa una nación de CentroaméricaHonduras, El Salvador, Guatemala, Belice y Nicaragua.

Humberto es moreno, tiene el cabello rizado, muy corto, casi a rapa en los contornos, apenas crecido para delinear esas cinco estrellas, que aunque presume con orgullo, la mayor parte del tiempo las cubre una gorra blanca.

Antes de contar su historia, Humberto prefiere alejarse del grupo de migrantes que descansa en los patios de la Casa del Migrante de Saltillo luego de una marcha por la ciudad. Esto, porque no quiere ser escuchado por el resto, la razón: no todos son confiables.

“Yo se los cuento a ustedes porque sé que no quieren hacerme daño”, añade. Hace cerca de un año, en suelo mexicano, Humberto vio de cerca la muerte, como la ha visto en otras ocasiones; sólo que en ésta, la muerte lo acarició con tres proyectiles de lo que aparentemente fue un AK-47.

Al intentar llegar a Estados Unidos, el grupo de migrantes con el que viajaba Humberto, fue vendido por el pollero a un grupo criminal, que entre sus objetivos, amenazaron con matarlo si no se les unía.

“Yo les dije: mátenme. Yo no me les voy a unir. Pero como uno es de
rancho, sabe distinguir cuando alguien te va a matar. El que te va a
matar llega y ya, lo hace. Pero ellos lo que buscaban era el dinero”.

Ante la negativa, Humberto fue torturado y a su familia lograron sacarle algo de dinero a cambio de la promesa de no matarlo.

Sin embargo, la intención de aquellos hombres no era cumplir lo que prometían. Lo primero que le hicieron fue arrancarle todas las uñas de uno de sus pies, explica, después lo molieron a golpes hasta romperle la clavícula y luego: “como yo no podía echar mis brazos para atrás, porque tenía rota la clavícula, me los amarraron al frente, y así fue como me echaron al río”.

Junto a él, explica, otro grupo de personas fueron lanzados por los
verdugos al cauce de un río. 

“A mí me cayó encima una señora, que fue la que me empujó hasta
al fondo. Y en seguida nos rafaguearon.

Ahí murieron 25 personas”, comenta. 

Humberto hace una pausa, se pone en pie y mueve el brazo para
simular el trayecto de las balas al entrar al agua, que abandonan la
línea recta para tomar un curso curveado; a él lo alcanzaron tres,
una cerca de la ingle, del lado izquierdo y las otras dos en la pierna
del mismo costado.

Los criminales lo creyeron muerto, como al resto. Él aguanto bajo
el agua, sostenido por el cuerpo de la mujer en el fondo, hasta que se
fueron.

“No guardo rencor a los mexicanos, como mucha gente me pregunta.
Lastimosamente es la misma gente de uno, los mismo migrantes que se meten en esas cosas, sí hay mexicanos metidos ahí.

Si ustedes supieran lo que nos pasa a los migrantes cuando no hay nadie que pague. Les dan el tiro de gracia”, concluyó.