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Mossack Fonseca: el bufete de abogados en el ojo del huracán

Los “Panama Papers” muestran cómo Mossack Fonseca guió una red de cuentas offshore durante casi 40 años que dieron lugar a que miles de millones de dólares en transacciones que pasaran por sus puertas.
Lindsey Fortado
04 abril 2016 20:11 Última actualización 05 abril 2016 5:0
FT. Mossack Fonseca: el bufete de abogados en el ojo del huracán.

El grupo de bajo perfil rara vez ha estado en la mira. (El Financiero)

Cuando el presidente ejecutivo de HSBC, Stuart Gulliver, fue llamado a declarar ante una comisión parlamentaria el año pasado, sobre dinero depositado en una cuenta bancaria privada suiza, las preguntas se volcaron pronto hacia sus abogados panameños.

Tenía Gulliver conocimiento previo de que Mossack Fonseca era conocido por la creación de empresas ficticias, preguntó Margaret Hodge, la entonces presidenta del comité de cuentas públicas. Hodge pasó entonces a describir a la firma por tener algunos de los clientes “más viles y desagradables en el mundo”.

Dicha audiencia marcó uno de los pocos momentos en los que una de las firmas de abogados más herméticas del mundo ha estado en el centro de atención. Con la filtración de más de 11.5 millones de archivos de Mossack Fonseca, la empresa y sus actividades ahora llenan los titulares.

Los “Panama Papers” muestran cómo Mossack Fonseca guió una red de cuentas offshore durante casi 40 años que dieron lugar a que miles de millones de dólares en transacciones que pasaran por sus puertas.

Según el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ, por sus siglas en inglés) encargado de la cobertura de prensa de los documentos filtrados, la lista de clientes de Mossack Fonseca incluye algunas de las personas más ricas del mundo, desde miembros del círculo íntimo del presidente ruso, Vladimir Putin, hasta al presidente de Ucrania, Petro Poroshenko y al primer ministro de Islandia.

Al igual que con otras empresas que se especializan en transacciones offshore, una pregunta clave es si los clientes están buscando meramente privacidad y la capacidad de minimizar sus impuestos; o si el secreto que garantizan permite actividades más nefarias, como la evasión de impuestos e incluso el lavado de dinero.

En una declaración al ICIJ, Mossack Fonseca dijo que al asesorar a los clientes sobre cómo incorporar empresas sigue “la letra y el espíritu de la ley”.

“Debido a ello, en casi 40 años de operaciones nunca hemos sido acusados de actos delictivos”, dijo la firma.

Junto con firmas más conocidas, tales como Maples y Calder, Appleby, y Mourant Ozannes, Mossack Fonseca es uno de los mayores bufetes de abogados offshore, con más de 500 empleados.

De las empresas que aparecen en los archivos de Mossack Fonseca, la mitad — más de 113,000 — fueron incorporados en las Islas Vírgenes Británicas, un conocido paraíso fiscal. La base de operaciones de la firma, Panamá, ha sido identificada por la OCDE por tener la menor protección en el mundo contra el lavado de dinero.

En su comparecencia parlamentaria, Gulliver declaró que la razón por la que creó la empresa panameña a través de Mossack Fonseca era “puramente para la privacidad”.

“No brindó beneficio fiscal ni ventaja financiera alguna”, dijo.

Mossack Fonseca fue fundada en 1986 por Jürgen Mossack, ciudadano alemán, y Ramón Fonseca, de Panamá, cuando los dos hombres fusionaron sus pequeños despachos de abogados en el país centroamericano.

A principios de marzo, Fonseca solicitó licencia de la firma debido a un escándalo de sobornos y lavado de dinero que involucra a la oficina brasileña de la firma y la petrolera estatal del país, Petrobras.

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