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México asolado por la ‘desconfianza’: Peña Nieto

México está asolado por “la incredulidad y la desconfianza”, admitió el presidente Enrique Peña Nieto, y su gobierno debe concentrarse en mejorar la ley y el orden si desea que funcione su programa radical de reformas económicas.
Jude Webber
02 marzo 2015 19:29 Última actualización 03 marzo 2015 5:0
FT. México asolado por la ‘desconfianza’: Peña Nieto.

El Presidente, quien fue celebrado por los inversionistas durante los primeros dos años de su presidencia por aprobar casi una docena de reformas económicas, ha enfrentado desde entonces una ola de inquietud popular y un electorado cada vez más escéptico. (El Financiero)

México está asolado por “la incredulidad y la desconfianza”, admitió el presidente Enrique Peña Nieto, y su gobierno debe concentrarse en mejorar la ley y el orden si desea que funcione su programa radical de reformas económicas.

En su confesión más sincera desde que la desaparición y el presunto asesinato de 43 estudiantes en Iguala en el estado de Guerrero provocaron terror en el país y en el extranjero, Peña Nieto le dijo al Financial Times que su administración debe “reconsiderar hacia dónde nos dirigimos”.

El Presidente, quien fue celebrado por los inversionistas durante los primeros dos años de su presidencia por aprobar casi una docena de reformas económicas, ha enfrentado desde entonces una ola de inquietud popular y un electorado cada vez más escéptico.

Los escándalos por conflictos de intereses que involucran al Presidente y a su secretario de Hacienda aumentan la sensación de que el gobierno de Peña Nieto no está en contacto con los votantes – y que su promesa de campaña de “dejar atrás las viejas prácticas” era falsa.

“Por supuesto que lo entendemos. Les puedo decir que entendemos”, dijo el Presidente, quien comienza una visita de estado al Reino Unido el martes, en su primera entrevista desde que los acontecimientos del año pasado dañaron la imagen modernizadora de su gobierno.
“Hoy hay, sin dudas, una sensación de incredulidad y desconfianza... ha habido una pérdida de confianza y esto ha provocado sospecha y duda”.

Desde que fue elegido en 2012, Peña Nieto y su Partido Revolucionario Institucional (PRI) han superado un “enorme escepticismo” e impulsado una serie de reformas pioneras hasta convertirlas en leyes. La más notable fue abrir el monopolio estatal energético de México a la inversión privada, por primera vez en casi 80 años.

Los cambios, que también incluyeron el cierre de lagunas fiscales corporativas y las divisiones de oligopolios de telecomunicaciones, están diseñados para aumentar la productividad de México y lograr aumentos sostenidos de crecimiento económico. Tales reformas, y el compromiso del país con la estabilidad macroeconómica, ayudan a atraer miles de millones de dólares de inversión cada año, lo cual diferencia a México de muchos de sus pares latinoamericanos, que dependen más de los productos básicos.

Pero Peña Nieto admitió que ensalzar los méritos de las reformas cuando los beneficios aún no se han sentido totalmente podría no ser suficiente para mantener de su lado a un público crítico durante los cuatro años restantes de su mandato – especialmente teniendo en cuenta el descontento por la violencia, la impunidad y la corrupción estatal.

El Presidente se comprometió a luchar contra la corrupción “mucho más eficazmente” y acabar con “el estigma” de ladrones que persigue a los políticos mexicanos. Luis Videgaray, secretario de Hacienda del país, dio un mensaje similar recientemente, diciéndole al FT que la ley y el orden valían “10 reformas energéticas”.

México ocupa el lugar 79º de 99 en el índice de estado de derecho publicado por el Proyecto Mundial de Justicia.

Los temores de que sigue proliferando la corrupción estatal han sido avivados por escándalos sobre las casas que pertenecen a la familia del Sr. Peña Nieto y al Sr. Videgaray, y que fueron construidas y pagadas por un contratista que el gobierno favorecía.

La mención del escándalo en curso sobre la casa de lujo es el único momento durante la entrevista de una hora en que el Presidente – el menos querido en México en 20 años – muestra un destello de ira.

“Yo soy el más interesado en que todo esto (la cuestión de la vivienda) sea aclarado oportunamente más allá de la explicación que yo y mi secretario de Hacienda ya hemos dado”, dijo Peña Nieto.

El Presidente señaló un “innovador” sistema de lucha contra la corrupción, que ahora se encuentra en las etapas finales de aprobación en el congreso, diseñado para obligar a los funcionarios públicos a rendir cuentas. Pero la implementación del sistema sigue siendo “el gran desafío”, agregó.

La iniciativa contra la corrupción, aparentemente una idea legislativa posterior a las reformas económicas que el gobierno ha priorizado hasta ahora, era en realidad una medida anterior propuesta por Peña Nieto cuando elaboró sus planes como presidente electo.

Sus consejeros estaban conscientes de que el PRI, que cuando gobernó México durante la mayor parte del siglo 20 fue famoso por la corrupción, volvería al poder con un déficit de credibilidad: el intelectual mexicano Gabriel Zaid en 1979 describió a la corrupción como “no una característica desagradable del sistema político mexicano: es el sistema”.

Muchos mexicanos permanecen escépticos sobre las medidas del gobierno contra la corrupción y la impunidad, las cuales aumentarán las facultades de control y auditoría estatales y habilitarán un fiscal anticorrupción.

Cuando se le preguntó si los funcionarios públicos deberían estar obligados a hacer públicas sus declaraciones de impuestos, como él mismo hizo a raíz del escándalo de la casa, Peña Nieto puso reparos. “Es una decisión que cada funcionario tendrá que tomar de acuerdo con la ley”, dijo.
Peña Nieto detalla las nuevas prioridades de su gobierno: un plan de cinco puntos, los tres primeros objetivos son “reforzar el estado de derecho... mantener la estabilidad macroeconómica... e implementar las reformas ya que les traerán beneficios a la población”.

Los dos últimos implican “ajustar el gasto público” con el fin de enfocarse más en la infraestructura o la inversión en educación, y desarrollar las “zonas económicas especiales” en partes de los estados más pobres y conflictivos de México, como Guerrero.

La crisis de confianza era “una oportunidad”, insistió. “Creo que estamos (aún) a tiempo de mostrar resultados, para ofrecerles beneficios a los mexicanos. Soy optimista”.

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