Financial Times

Las prohibiciones de visa no detendrán a Putin

Las restricciones a estos documentos son muy efectivas cuando, como en el caso de Rusia, los miembros de la élite viajan con mucha frecuencia guardando y gastando sus riquezas.
Philip Stephens
06 marzo 2014 20:41 Última actualización 07 marzo 2014 5:0
 [La intervención rusa fortalecerá la estatura de Putin como contrapeso geopolítico al poder estadounidense / archivo]  

El gobierno de Vladimir Putin no tiene respeto por las reglas y normas internacionales. (Reuters/Archivo)

Los corredores de poder en Europa hacen eco a los gritos de una agitada ambigüedad. Sí, Vladimir Putin ha violado normas sagradas internacionales y puesto en riesgo la seguridad del continente europeo. Sí, los líderes europeos deben condenar en conjunto al presidente ruso por su captura del territorio ucraniano. Y sí, todos aquellos que creen en el derecho internacional deberían hacer algo más que fruncir el ceño. Todo esto se sobreentiende. Sin embargo no debemos exagerar.

En Gran Bretaña, los ministros se preocupan de que una respuesta económica complicaría el lavado de dinero en la City of London. Rusia, con su confiable aporte de miles de millones de dólares sucios, es un cliente muy apreciado del pujante mercado de propiedades en la capital. En Alemania, los dirigentes de negocios le imploran a Angela Merkel, la canciller, que no amenace las lucrativas exportaciones ni ponga en riesgo el suministro de gas ruso. En Roma, Matteo Renzi, el nuevo primer ministro, ha sido aconsejado que no debe incomodar a los grandes jefes de la energía italiana.

Sería bueno imaginar que los líderes de la UE tuvieran preparada una cuidadosa respuesta a la agresión del Sr. Putin. Al combinar la prudencia con fuerza, Europa está evitando las sanciones draconianas para bajar la presión del conflicto, pero pondrá más presión si el Sr. Putin se rehúsa a admitir la soberanía ucraniana en Crimea. Éste fue el mensaje oficial de la junta cumbre de la UE.

Tristemente, la cautela europea ha sido más bien el resultado de pusilanimidad en vez de cálculo diplomático; y sin evidencia de una seria resolución, el Sr. Putin no tiene por qué retractarse.

La UE podría haber ganado una traza de credibilidad si hubiera seguido el consejo del presidente Barack Obama. Las restricciones a las visas son muy efectivas cuando, como en el caso de Rusia, los miembros de la élite viajan con mucha frecuencia guardando y gastando sus miles de millones. Del otro lado del espectro debería haber una amenaza de amplias sanciones financieras contra Rusia, similares a las aplicadas en Irán.

Sin embargo, aunque los europeos aceptaran eventualmente revisar su posición respecto a las sanciones, el responder con sanciones individuales es apenas una parte de la respuesta a la toma de territorio de Rusia. La toma de Crimea –y la amenaza del Sr. Putin de continuar hacia el este de Ucrania– requiere un cambio fundamental del marco de referencia.

El así llamado reajuste en las relaciones occidentales con Rusia debe ser reajustado, y las reglas del juego delimitadas nuevamente.

La premisa débil detrás del acercamiento occidental ha sido que Moscú quiere ser incluido, aunque con excepciones, en un orden reglamentado. Que, por más que se queje, lo que quiere el Sr. Putin es mantenerse como miembro del club. Por ende, la participación de Rusia en el G8, su “sociedad estratégica” con la UE, el Consejo OTAN-Rusia en Bruselas, la membresía de la Organización Mundial del Comercio, etc.

Ahora sabemos que esto es una farsa. La marcha hacia Ucrania confirmó algo que debería haber sido reconocido hace algún tiempo: el régimen del Sr. Putin no tiene respeto por las reglas y normas internacionales. Cuando el juego va en contra de él, la respuesta es poner tanques en el tablero. Las reglas están hechas para los occidentales débiles, no para la Rusia que resurge.

El desempeño del Sr. Putin desde este fin de semana ha sido casi tan iluminador como la misma invasión. No hay tropas rusas en Crimea, insiste Moscú, incluso cuando sus fuerzas (claro que sin insignia) aparecen en nuestras pantallas de televisión tomando bases militares ucranianas. La idea es cínicamente simple: la noche puede ser día y el blanco negro si uno lo asevera con suficiente frecuencia.

Ésta es la estrategia de un régimen que se ha retirado del sistema internacional. En su propia mente, Moscú puede romper la regla que sea y luego negarlo.

Algunos se preguntan si los gobiernos occidentales deberían boicotear la siguiente junta del G8 en Sochi. La pregunta más apropiada es por qué deben seguir pensando que Rusia es parte del club.

Mientras tanto, el objetivo de Occidente no debe ser arrebatarle a Ucrania de los brazos de Moscú. Rusia tiene profundos intereses, enraizados en su historia, cultura y seguridad, en el futuro de su vecino. El objetivo de Europa debe ser la restauración de la integridad territorial ucraniana, y una constitución y un gobierno que representen todos los sectores de la población.

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