Financial Times

La maternidad es difícil, pero no es un empleo

Ahora parece que las madres de clase media han cambiado de opinión. El mismo tipo de mujer que antes se ponía furiosa cuando alguien implicaba que criar a los hijos no era un empleo, ahora se indignan con los que dicen que lo es.
Lucy Kellaway
22 marzo 2015 18:49 Última actualización 23 marzo 2015 13:26
FT. La maternidad es difícil, pero no es un empleo.

La crianza de hijos es un trabajo arduo que requiere habilidades de gestión bien afinadas, excepto que uno no recibe sueldo. (El Financiero)

Cuando regresé al trabajo después del nacimiento de mi primer hijo, fui a visitar a una amiga abogada que también acababa de tener un bebé y había decidido quedarse en casa para cuidarlo.

El almuerzo iba bien hasta que dije que le envidiaba no tener un empleo: debía ser lindo estar con su hijo todo el día. Me lanzó una mirada casi de desprecio. Ella si tenía un empleo, me dijo abruptamente. Criar a un hijo definitivamente era un empleo, y más valioso que cualquier cosa que tuviera que ver con la ley corporativa.

¿Pero tenía ella razón? ¿La maternidad es un empleo? Margaret Thatcher pensaba que sí – según ella, criar a los hijos era un empleo de gestión administrativa. La Reina aparentemente piensa lo mismo y le dijo a Kate Winslet que era “el mejor empleo” que había.

Pero ahora parece que las madres de clase media han cambiado de opinión. El mismo tipo de mujer que antes se ponía furiosa cuando alguien implicaba que criar a los hijos no era un empleo, ahora se indigna con los que dicen que lo es. La semana pasada, Mumsnet, la red social para los padres, publicó un comunicado de prensa estableciendo la nueva ley: “La maternidad es un viaje emocional, no un empleo”.

Ésta es la respuesta correcta, pero por la razón equivocada. Criar a los hijos no es un empleo, y nunca lo fue. Es un trabajo – a veces extremadamente arduo – pero no es un empleo ya que no se recibe sueldo. La cosa es que con un empleo uno opta por hacerlo y puede renunciar cuando quiera, pero mientras uno lo hace hay que seguir las normas.

Como columnista, tengo que escribir esta columna porque es mi empleo. Como madre, puedo decidir que no tengo ganas de cocinar y pido comida a domicilio en vez. En casa, en casos extremos, puedo gritar o tirar cosas; si hiciera esto en el trabajo probablemente sería despedida.

No importa lo mucho que mis hijos piensen que estoy haciendo un desastre al criarlos, no pueden deshacerse de mí. Ser padre es para toda la vida. Los empleos, no.

Pero la maternidad tampoco es un “viaje emocional”. Un viaje es algo que implica trasladarse del punto A al punto B, mientras que ser madre tiende a ser bastante estático; en mi caso toma lugar casi totalmente en la cocina. Ni tampoco es un viaje en ningún cursi sentido metafórico. La maternidad comienza a todo motor emocionalmente y sigue por el mismo curso para siempre.

Lo peor de describir la crianza de niños de tal manera no es que sea estúpido, sino que es extremadamente repelente. Si alguien me hubiera dicho al principio que me embarcaba en un “viaje emocional” me hubiera curado completamente de la idea.

¿Entonces por qué han cambiado de opinión las madres sobre la cuestión del empleo? Sospecho que es porque ya no pensamos en los empleos de la misma manera que antes. Hace veinte años, un empleo era un signo de estatus; ahora se ve como algo tedioso y sugiere una falta de imaginación. A quien le guste el suyo tiene que fingir que no lo ve en lo mínimo como un empleo, sino como una expresión de su pasión y creatividad.

Las madres insistían en llamar lo que hacían un empleo porque les hacía sentirse mejor; ahora hace lo inverso. Pero ambas reacciones son tontas. Los empleos y la crianza de niños son igualmente vitales para la supervivencia de la raza humana, pero las dos actividades existen en planos diferentes y no deberían realizarse comparaciones morales.

Saatchi & Saatchi ha hecho algunas investigaciones para Mumsnet sobre qué involucra criar a los hijos. Ha concluido que las madres cumplen ocho diferentes papeles emocionales, con cinco de los cuales yo estoy de acuerdo – cuidadora, admiradora, amiga, heroína, casa de seguridad – mientras que los tres restantes – cómplice criminal, entrenadora y quebrantadora de reglas – me preocupan muchísimo.

¿Quebrantadora de reglas? ¿Cómplice criminal? ¿Qué pasó con ejecutor de reglas o fastidiadora? ¿Qué se supone que le debo decir a mi hijo adolescente cuando llega de la escuela con una mochila llena de tarea de Trigonometría? ¡Olvídate de eso! ¿Toma esta identificación falsa y mejor ve al bar?

Esta insensata lista de papeles nos dice que hay algo que la crianza de niños moderna tiene en común con los empleos modernos. Ambos se han apartado tanto de la Teoría X de la motivación, que dice que todo el mundo es básicamente perezoso y por lo tanto hace falta un poco de autoritarismo, que ahora evitan decir: yo soy quien manda.

Los administradores tienen que pretender que su mayor habilidad es ser entrenador; los padres deben hacer lo mismo. Todo es para el espectáculo: hay muy poco entrenamiento en la mayoría de las empresas y ocurre todavía menos en los hogares.

Los entrenadores tienen que tener distancia, paciencia y objetividad, algo difícil de sentir hacia tus enloquecedores y amados hijos. 

Simular que la maternidad es una excursión larga, democrática, emocional y divertida es una mentira más grande que la que afirma que la maternidad es un empleo.

Al final, regreso a Margaret Tatcher, quien insistió en que la maternidad era un empleo de gestión administrativa.  Estaba equivocada en lo de empleo, pero acertó en la parte de gestión administrativa.


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