Financial Times

El problema de Donald Trump con los impulsos

Si Donald Trump quiere acortar la brecha de los resultados de las encuestas con Hillary Clinton debe saber autocontrolarse, pero el hablar de más le puede costar caro.
Edward Luce Financial Times
02 octubre 2016 20:42 Última actualización 03 octubre 2016 5:0
FT. El problema de Donald Trump con los impulsos.

El candidato republicano no ganará nuevos partidarios con sus diatribas nocturnas en Twitter. (El Financiero)

Así es como los republicanos esperaban que sucediera. Donald Trump sería fiel a su mensaje, proyectando un temperamento tranquilo y manteniéndose alejado de su cuenta de Twitter. Esto le permitiría dejar claro su tema de Hacer América Grande Otra Vez: la política no funciona, Washington necesita un negociador despiadado, y EU ya no puede permitirse la corrección política.

Incluso después de haber desechado ese enfoque, Trump todavía está entre tres y cinco puntos porcentuales detrás de Hillary Clinton. Sin embargo, para la buena fortuna de la candidata, Trump parece incapaz de mantener la autodisciplina. En estos momentos él podría estar en camino a ganar la presidencia. En cambio, al continuar enviando indiscriminadamente mensajes por Twitter y hablar sin pensar, está obedeciendo sus peores instintos. A los 70 años de edad, no se pueden cambiar los hábitos de toda una vida.

Para los candidatos republicanos no presidenciales — aquellos que luchan por mantener sus escaños en el Senado y conservar el control de la Cámara de Representantes — el daño que se inflige Trump tiene beneficios colaterales. La mayoría de los grandes donantes republicanos desprecian la campaña de Trump y están redirigiendo su dinero hacia contiendas locales. Eso incluye a los hermanos Koch y Sheldon Adelson, los multimillonarios más derrochadores de la derecha.

Clinton también está ayudando. Al describir a Trump como un renegado, les está facilitando a los republicanos en contiendas cerradas distanciarse de Trump. Ella podría llegar a arrepentirse de eso. Los últimos pronósticos indican que los republicanos mantendrán el control del Senado y de la Cámara fácilmente.

Pero los republicanos no pueden rechazar a Trump abiertamente. Aunque está alienando a los moderados, a las graduadas universitarias, y a muchos otros que no habría espacio para mencionar, su campaña aún enardece a los votantes blancos de la clase obrera. Su lealtad es inquebrantable y podría marcar la diferencia en las contiendas locales. Como dijo Trump: “Yo podría pararme en medio de la Quinta Avenida, dispararle a una persona y no perdería votantes”.

Ahora está probando esa afirmación al límite. Hasta el momento es cierta. Sin importar cuán imprudentemente se comporte, aproximadamente 40 por ciento de los votantes en EU van a votar por él. Aquí hay una lección que muchos prefieren ignorar: Si Trump pierde, será por su carácter, no por su mensaje.

Los votantes no están recurriendo masivamente a Clinton. Su campaña carece aún de un mensaje convincente sobre cómo a la clase media le iría mejor con ella que lo que le ha ido con Barack Obama. Su trabajo es, por lo tanto, mantener al Trump en un estado constante de agitación aguijoneándolo con respecto a sus mayores motivos de orgullo, preguntas sobre su patrimonio neto y por supuesto su historial con las mujeres.

Como aconsejaba Napoleón, nunca interrumpan a un enemigo mientras está cometiendo un error. Sólo borrachos y sociópatas envían mensajes por Twitter a las 3 de la madrugada. Trump es abstemio. Si quiere lanzar andanadas por la madrugada, debe escoger sus temas.

El viernes pasado, EU despertó con una serie de mensajes de Twitter provenientes de Trump en los que atacaba a la exMiss Universo Alicia Machado de Venezuela, y la calificaba de “repugnante”. El primero fue enviado a las 3:20 de la madrugada. “Qué sorpresa. La “Chueca Hillary” fue engañada y utilizada por mi peor Miss Universo. ¡Hillary la hizo ver como un “ángel” sin verificar su pasado que es terrible!”.

El argumento de Clinton contra Trump es que debido a su temperamento no es apto para ser presidente. Trump está haciendo el resto. Consideremos qué nos dicen esos mensajes de Twitter. Cuatro días después de que Clinton introdujera en el debate presidencial su forma de tratar a Machado, Trump pasó aproximadamente una décima parte del resto del período preelectoral defendiendo su hostigamiento hacia Machado por haber ganado peso después de un concurso de belleza hace dos décadas.

¿Qué votante femenina no se estremecería al escuchar a un ejecutivo burlarse de una joven llamándola “Señorita Piggy”? Es difícil creer que hay muchos hispanos que permanecerían insensibles al escuchar que una adolescente latina ha sido apodada “Señorita Trabajadora Doméstica”. Lo último que Trump debería hacer es recordarles esos episodios a los votantes.

¿Puede controlar sus impulsos 36 días más? Es posible. Trump ha mostrado que puede mantenerse fiel a su teleprompter durante breves períodos de tiempo. Pero es dudoso. Ser él mismo es lo que lo llevó a ese podio en primer lugar.

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