Financial Times

El autoengaño podría acabar con Sepp  Blatter

La imagen de navegar a través de una tempestad comunica autoridad personal y valentía, pero también les permite alegar una impotente inocencia ante las causas y las consecuencias de lo que está sucediendo.
Andrew Hill
01 junio 2015 20:10 Última actualización 02 junio 2015 9:5
FT. El autoengaño podría acabar con Sepp Blatter.

La confianza en sí mismos es vital para los líderes, pero Lehman, Hanergy y la FIFA demuestran los riesgos. (El Financiero)

Yo culpo a Sebastian Junger. El éxito de La tormenta Perfecta (el libro del periodista publicado en 1997 sobre un desafortunado barco pesquero perdido en una devastadora y real tormenta que afectó a Norteamérica en 1991), le dio a los ‘asediados’ titanes corporativos la metáfora perfecta para justificar lo que había fallado bajo su dirección.

Aquí tenemos al ex director de Lehman Brothers Dick Fuld – en su primera aparición pública voluntaria desde el colapso de la firma – explicando la semana pasada por qué el banco quebró en 2008: “No se trata solamente de una cosa en particular, se trata de todas estas cosas en conjunto: yo lo llamo una tormenta perfecta”. Y aquí tenemos a Sepp Blatter, presidente de la FIFA, mientras preparaba el camino para su reelección al órgano regente del fútbol en Suiza. Los arrestos de la semana pasada de los funcionarios de la FIFA, le dijo a los delegados, “desataron una tormenta real”.

Culpar a las condiciones meteorológicas extremas es popular entre los líderes controvertidos, y por una buena razón. La imagen de navegar a través de una tempestad comunica autoridad personal y valentía, pero también les permite alegar una impotente inocencia ante las causas y las consecuencias de lo que está sucediendo. Es el punto medio de falso heroísmo entre admitir que uno es un tonto que no tenía idea de lo que estaba pasando, o un truhán que fomentó el escándalo. En contraste, ellos pueden parecerse a los curtidos capitanes en el puente, preparados para enfrentarse a las monstruosas olas y luchando con el timón, mientras que los elementos conspiran en su contra.

Esta época parece ser ideal para los coleccionistas de arrogancia de liderazgo. En China, Li Hejun, presidente del fabricante de paneles solares Hanergy, declaró la semana pasada que los rumores acerca de una investigación sobre la compañía eran “simplemente rumores, no existe tal posibilidad” y agregó que él sería “el primero en saber si las autoridades estaban realmente planeando una investigación”. Horas después de que Xinhua, la agencia noticiosa oficial china, transmitiera la entrevista, el organismo de control líder de Hong Kong confirmó que estaba investigando los asuntos de Hanergy Thin Film Power, la entidad cotizada del grupo, cuyo alto precio por acción se derrumbó el mes pasado.

Las anteriores declaraciones no son necesariamente mentiras. En el caso de Hanergy, la investigación de Hong Kong puede haber sido encubierta, y no está claro exactamente cuándo se grabó la entrevista con Li. En cuanto a Lehman, es cierto que no hubo “una sola cosa” que acabara con el banco. La protesta emitida previamente por Blatter de que “no puedo supervisar a todo el mundo todo el tiempo” es una declaración de lo obvio, un hecho familiar para cualquiera que haya dirigido una organización de gran tamaño.

Pero hay algo más corrosivo que los líderes que le mienten al mundo exterior, y es la existencia de líderes que se engañan a sí mismos.

El tener confianza en sí mismo es parte vital de ser un líder eficaz. Admitir debilidad es tabú. Pero es fácil que los líderes se vuelvan arrogantes y comiencen a gobernar simplemente afirmando los hechos según su entendimiento y haciendo caso omiso de las preocupaciones legítimas de los demás: “Hanergy nunca ha sido tan sólida en nuestra historia” (Li); “Hagamos que éste sea el punto de inflexión” (Blatter).
Fuld ha tenido casi siete años desde la crisis financiera para reflexionar acerca de lo que realmente sucedió en 2008. Pero él todavía está tratando de ‘moldear’ la historia.

Un sinnúmero de cronistas de la crisis creen, al igual que Fuld, que el gobierno estadounidense fue en parte responsable de lo ocurrido. Sin embargo, pocos estarían de acuerdo en que Lehman fue un modelo de prudencia, protegido – como lo presentó Fuld la semana pasada – por “27,000 gestores de riesgos” representados por todos sus empleados accionistas. Por el contrario, como Bethany McLean y Joe Nocera escribieron en All the Devils Are Here, en lugar de tratar de limitar el riesgo del mercado inmobiliario de EU entre 2006 y 2008, Lehman “decidió arriesgar todavía más...financiando e invirtiendo en grandes negocios de bienes raíces comerciales”.

Posteriormente, Hank Paulson, ex secretario del Tesoro estadounidense, le dijo al examinador de bancarrotas de Lehman que Fuld era “una persona que escuchaba solamente lo que él quería escuchar”. Tal autoengaño también afecta a Blatter. Es la marca característica de los líderes que exceden sus límites y una clara señal de un desastre potencial futuro.

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