Financial Times

Cómo la industria de la música volvió a la vida

Las compañías discográficas parece que aprendieron de sus lecciones y se han preparado para apostarle a las suscripciones pagadas, en las cuales han encontrado su principal fuente de ingresos.
John Gapper Financial Times
05 abril 2017 20:15 Última actualización 06 abril 2017 5:0
Spotify. (Infotechnology.com)

Los sellos discográficos se las arreglaron con un poco de ayuda de Spotify y de la transmisión en directo. (Infotechnology.com)

Cuando el álbum “More Life” del rapero canadiense Drake fue lanzado el mes pasado, se transmitió en directo 385 millones de veces durante su primera semana en EU. La cantidad era extraordinaria, pero el medio no lo era: “streaming”, o transmisión en directo de audio, ha tomado el control de las ventas de CD y de las descargas, e incluso de la piratería.

Las utilidades estadounidenses por concepto de “streaming” aumentaron a 3.9 mil millones de dólares el año pasado, un 51 por ciento de un total de 7.7 mil millones. Esta última cifra es sólo la mitad de las ventas de la industria en 1999, antes del estallido de la piratería digital, pero el crecimiento ha regresado. Universal Music, el sello discográfico más grande, ha firmado un nuevo acuerdo de licencia esta semana con Spotify, el servicio de transmisión en directo, facilitando así la oferta pública inicial de Spotify.

Las ‘fortalezas’ de los piratas están siendo retomadas. Pirate Bay, un sitio de persona a persona, se puso en marcha en Suecia en 2003, con el cofundador Gottfrid Svartholm declarando que “Suecia es un país en el norte de Europa... la ley estadounidense no se aplica aquí”. Él fue posteriormente encarcelado, y Suecia actualmente tiene una de las tarifas de suscripción más altas del mundo a servicios que incluyen a Apple Music.

La industria de la música fue una de las primeras en ser víctima de la disrupción digital, y los sellos discográficos fueron seriamente afectados. Por lo tanto, su recuperación en los mercados desarrollados (la piratería continúa siendo generalizada en otros lugares) proporciona lecciones útiles para otros países.

La primera, como aconsejaría Bob Dylan, es no echar todo a la basura. Las compañías discográficas cometieron errores; demandar a individuos por descargas ilegales y hacerse parecer intimidantes fue uno de los peores. Pero ellas mantuvieron su fe en que la música grabada era valiosa y que valía la pena pagar por ella, a diferencia de las casas editoras que insensatamente cambiaron a dar noticias de forma gratuita y a depender de la publicidad.

Esa fe actualmente está produciendo resultados. Las suscripciones pagadas —que saltaron de 1.2 mil millones de dólares a 2.5 mil millones en EU el año pasado— se están convirtiendo en la principal fuente de ingresos de la industria a medida que disminuyen las descargas digitales y las ventas físicas (aparte del resurgimiento del vinilo). Unos 50 millones de usuarios de Spotify en la actualidad pagan por tener acceso móvil sin restricciones a sus 30 millones de pistas en lugar de depender de su servicio básico financiado por anuncios.

Los sellos discográficos también continuaron haciendo lo que sabían hacer bien: la disciplina de encontrar y desarrollar artistas, y de hacer “marketing”. Ellos siguen gastando el 27 por ciento de los ingresos en tales funciones, según IFPI, un grupo experto en esta industria. A pesar de que han evolucionado mediante el uso de canales como YouTube para descubrir talento, siguen estando mayormente en el mismo negocio.

La segunda lección, en las sabias palabras de la cantante Meghan Trainor, todo tiene que ver con ese bajo. El tamaño ayuda, y se vuelve vital en medio de los trastornos digitales, cuando el poder cambia de los propietarios de contenido a los distribuidores. El patrón se ha repetido en la música, en la industria de publicación de libros, y en la televisión y el cine, con los sellos discográficos, las casas editoras y los estudios teniendo que competir con poderosos participantes tales como Amazon y Netflix.

El tamaño tiene una ventaja adicional en el mundo digital, ya que los servicios de “streaming” necesitan éxitos y catálogos; los oyentes que pagan US$9.99 al mes esperan los álbumes 19 y 21 de Adele, así como el 25. Esto aumenta el poder de negociación de las compañías discográficas, y es beneficioso para las utilidades: según Goldman Sachs, sus márgenes digitales son el doble de los de las ventas físicas.

La transmisión en directo ayudó a la industria no sólo a sobrevivir, sino a crecer. Por adherirse a lo que sabía hacer mejor, por volverse más grande para negociar más poderosamente, y por encontrar nuevos socios, ganó más vida.

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