Financial Times

¿Es mejor el príncipe Jorge que el resto de los niños?

En un aspecto, sin embargo, es similar a muchos de sus futuros súbditos: es poco probable que el pequeño Jorge sobrepase el rango social en el que nació.
Andrew Hill Financial Times
03 abril 2017 20:44 Última actualización 04 abril 2017 7:36
El hijo de Kate Middleton y el príncipe William participó hoy  en su primer compromiso cuando asistió a una cita para jugar con otros bebés de su edad en una sesión de ‘juego en grupo’  en la Casa de Gobierno en Nueva Zelanda. (Reuters)

Las empresas pueden y deben hacer más por ayudar a los jóvenes a romper el ‘techo de la clase’. (Framepool)

Entre los innumerables niños de cuatro años que comenzarán su educación formal en septiembre habrá uno rubio, de ojos marrones, con una fascinación por los aviones, por los tractores y por ‘El Grufaló’, y para quien la frase “destinado a grandes cosas” es más que una esperanzadora hipérbole parental.

Una población embelesada se enteró la semana pasada de que el príncipe Jorge, el tercero en la línea de sucesión al trono británico, asistirá a Thomas’s Battersea, una escuela primaria privada cuyos valores incluyen la bondad e, inevitablemente, el liderazgo.

“Esperamos que nuestros alumnos experimenten, desde una edad temprana, las oportunidades y los retos del liderazgo”, declara la escuela. Esta no es la única área donde el joven príncipe cuenta con una ventaja. Él se beneficia de un claro camino hacia la gestión, un amplio apoyo y generaciones de ejemplos a seguir, incluyendo seis reyes llamados Jorge.

En un aspecto, sin embargo, es similar a muchos de sus futuros súbditos: es poco probable que el pequeño Jorge sobrepase el rango social en el que nació.

Para un niño que será rey, y que trabajará principalmente para lo que su bisabuelo, el duque de Edimburgo, llamó “la Firma”, esto no representa un problema. Pero para muchos otros, y para los negocios que buscan emplearlos, la inmovilidad social es un infortunio que contribuye a ahondar la desigualdad y a aumentar la tensión política. También es una fuente de inercia mayormente oculta que dificulta la capacidad de los empleadores de aprovechar todo el potencial de la fuerza laboral. Lo que cada vez es más claro y más preocupante es que esta inercia comienza cuando los niños son muy jóvenes.

Los fascinantes datos obtenidos de las visitas escolares a KidZania —una cadena de atracciones que permite a los niños jugar experimentando una variedad de empleos— subrayan el problema. En el parque temático, los niños eligen qué “empleos” probar, desde bombero y piloto hasta agente de bienes raíces. El análisis de la primera opción escogida por los jóvenes visitantes a la atracción londinense de la cadena expone una predecible división de género. Según Havas Helia, una agencia de análisis de datos, las niñas optan por ser estilistas o modelos de pasarela y los varones se inclinan por el entrenamiento deportivo y por la ingeniería.

La agencia también tomó la información proveniente de estos 61,000 niños y la mapeó en relación con los índices de privación y de educación del Reino Unido. Se descubrió que los niños de escuelas en las zonas menos prósperas habían optado por empleos de la clase trabajadora, como el de peluquero. Aquellos de urbanizaciones más pudientes habían elegido actividades como el servicio de limpieza del hotel (una teoría es que vieron que ésta era una de las maneras más rápidas de acumular el dinero de juguete del parque) o la difusión televisiva/radial. Una inferencia de los datos es que la privación determina las aspiraciones casi hasta la adolescencia.

La buena noticia derivada de los datos de KidZania y de Havas es que los niños de mejores escuelas en zonas desfavorecidas parecen fijarse metas más altas. La educación cuenta.

Para el momento en que comienzan sus carreras, algunos de los enfoques que se utilizan para eliminar el sesgo de género en la contratación pueden nivelar las oportunidades para las personas de diferentes orígenes sociales.

Tal y como escribí recientemente, las organizaciones que no exploran cómo contratar a las mejores personas están desperdiciando potencial.

Sin embargo, no es hasta que los niños tienen por lo menos 14 años, edad a la que los niños quedan excluidos de KidZania, que la mayoría de las empresas se involucran en tratar de ampliar sus opciones de carrera. Para entonces, puede ser más difícil cambiar las metas estereotípicamente bajas. Es como Ger Graus, un pedagogo que trabaja para la cadena, me lo planteó: “¿Estamos atrasados por 10 años?”.

Las compañías que ayudan a mejorar la movilidad social — y un gran número de ellas lo hace — no critican la ambición de los niños. JPMorgan trabaja con la Fundación de Movilidad Social, una organización benéfica, para brindar experiencia laboral a talentosos estudiantes jóvenes de bajos ingresos. (El Financial Times también lo hace). “Nuestra experiencia es que existen muchas aspiraciones, pero puede que no sepan a qué aspirar”, comentó Hang Ho, el director de filantropía para Europa, el Medio Oriente y África del banco.

También te puede interesar:

Trump, dispuesto a enfrentar a Corea del Norte por su cuenta

Musk sueña con cerebros-robot

Comercio mundial avanza a tambor batiente