El camino de piedra que lleva a la entrada principal supone otro tiempo. A primera vista se descubre una construcción de colores vivos, típica de una hacienda colonial levantada con cantera, hierro y madera. Dentro la modernidad se abre paso; los cuidadosos trabajos de restauración descubren un espacio en el que conviven presente y pasado.
Se tienen registros, en el Archivo Histórico del Estado de Querétaro, de que la construcción fue un regalo de Hernán Cortés a La Malinche y al capitán español Juan Jaramillo, con quien la casó. En 1524, la esposa del conquistador llegaba a la Nueva España, razón principal por la que promovió el matrimonio, no sin antes especificar que Jaramillo debía erigir una finca a La Malinche en las cercanías del poblado de San Juan del Río.
Durante cinco siglos la edificación tuvo otros usos. Fue criadero de toros de lidia, albergue de grupos religiosos y, en 1977, comenzó a operar como hotel. Hoy aloja el remodelado Fiesta Americana Hacienda Galindo Resorts & Spa.
El lugar ofrece diversidad de actividades que promueven el descanso, la convivencia con la naturaleza y la relajación. El concepto respeta la esencia de la construcción original: arcos, techos altos, vigas de madera y hierro en puertas y ventanas conservan su suntuosidad histórica. En cada una de las habitaciones conviven esos mismos materiales con las comodidades y amenidades habituales de un hotel de lujo.
Rodeado de jardines de naranjos, bugambilias y centenarios laureles, el alojamiento tiene lo necesario para escapar un fin de semana al campo. Se puede llegar por tierra y aire: en automóvil, se encuentra a 15 minutos de San Juan del Río, Querétaro, en el kilometro 5.5 de la carretera Amealco-Galindo; pero si lo prefiere, también ofrece el servicio de helipuerto.
En las casi 10 hectáreas de predio encontrarás canchas de tenis, basquetbol y futbol; una granja para que los más pequeños se familiaricen con conejos, borregos y patos; pista de jogging, alberca, gimnasio, sala de juegos y tabaquería.
En sus amplias áreas verdes se ofrecen recorridos a caballo, equinoterapia, paseos en bici de montaña y, los fines de semana, un tour a pie por las instalaciones en donde un grupo de actores escenifican leyendas basadas en los relatos de quienes habitaron la hacienda.
La verdadera joya de la corona es el spa. Misaya homenajea a la cultura otomí, no sólo por los nombres que reciben cada una de sus salas de tratamientos, sino por el temazcal que construyeron chamanes de la región, y que está a un costado de un frondoso laurel de la India. Ellos mismos se encargan de guiar la experiencia, tras 70 minutos de meditación, concluye con un circuito de jacuzzis a diferentes temperaturas y un masaje de relajación a cielo abierto. El objetivo es el descanso y la renovación, por ello hay diferentes tratamientos para ambos sexos que combinan terapias de piedras calientes, masajes a cuatro manos y remodelaciones corporales. Todos incluyen el uso de vapor, sauna y el circuito acuático.
¿Qué visitar en las cercanías?
- Tequisquiapan
- Amealco
- San Juan del Río
- Bernal
- Cavas Freixenet
Para ver las estrellas se recomienda reservar un espacio en torno a las brasas de las dos fogatas que se encienden todas las noches. El cielo nocturno ofrece un espectáculo brillante que se disfruta mejor con un trago de autor en la mano; el Pirulí Gin Bar sirve cocteles con ginebra preparados al momento con frutos y especias de su elección.
Por sus dimensiones, el lugar es ideal para celebrar convenciones y eventos sociales. Cuenta con salones, jardines, una capilla, snack bar junto a la alberca y un restaurante de especialidades de la región en donde se degustan platillos con ingredientes típicos como queso, carnes, embutidos y vinos.
Todo en un solo lugar, una hacienda del siglo XVI que abre todos los días del año y que está a sólo dos horas de la Ciudad de México.