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La increíble, pero cierta, historia del Cuchupetas de Mazatlán

Un clásico de la gastronomía sinaloense es el Cuchupetas, considerada de las marisquerías más emblemáticas del puerto de Mazatlán.

Hace unos meses Manuel Sánchez, el Cuchupetas, le sirvió una comida a Carlos Slim Helú y varios de sus parientes quienes, sorprendidos por la calidad de la comida, le propusieron que regresara a dar un servicio más grande.

"Yo vengo cuando ustedes quieran", les respondió este personaje, "pero eso sí, no les voy a fiar".

Respuesta que provocó la carcajada de quienes, seguramente, son los empresarios más acaudalados de México.

Una institución, dice el diccionario de la Real Academia Española, es una "cosa establecida y fundada".

Algo que describe bien a este restaurante que abrió sus puertas hace 31 años, en 1987.

Su nombre, según cuenta el propietario del que seguramente es el centro gastronómico más famoso de Sinaloa, deriva del apodo que le puso un tío y con el que sus conocidos y amigos creían hacerlo rabiar.

Así es que cuando la necesidad lo obligó a poner una mesita en la casa de su suegra, donde comenzó a vender mariscos, decidió que su restaurante se llamaría "El Cuchupetas".

Tiempo después la gran calidad de sus platillos lo llevó a prosperar y compró la casa en una esquina de la calle de Jesús Carranza, donde sigue estando ahora, y a partir de allí ha crecido mucho, aunque un poco anárquicamente.

Ahora ese restaurante se ha expandido a varias casas en la misma manzana; pero cruzando la calle está otra sección, donde además asan al carbón los pescados y mariscos y, en contra esquina, se encuentra el estacionamiento.

En las paredes están exhibidas, literalmente, cientos de fotos de él junto a ricos, poderosos y famosos de Sinaloa, México y otras partes del mundo.

Desde su amigo el ex presidente Carlos Salinas, lo que acaba de generar un pequeño escándalo en el estado cuando se supo que El Cuchupetas había servido la cena de su cumpleaños número 70; hasta Diego Luna o Julio César Chávez.

Sabores memorables

Aunque prácticamente todos los platillos de ese restaurante con mesas cubiertas con manteles de plástico, sobre las cuales disponen una nutrida variedad de tostadas y salsas embotelladas, son deliciosos; hay algunos considerados clásicos de la gastronomía sinaloense.

Como el aguachile de camarón, que según cuenta la leyenda nació aquí; los callos de hacha especiales, del tamaño del puño de un adolescente; el pescado frito de piel crujiente y carne blanquísima, que se deshace en la boca, y los cauques o langostinos de río, barnizados con mayonesa y asados lentamente al carbón.

"Todos los días me levanto a las cinco de la mañana para que no me ganen el pescado fresco; también tengo proveedores que me garantizan la calidad del producto y no todo viene del Mar de Cortés, por ejemplo el pulpo lo traen de Yucatán".

Pero si la comida es extraordinaria, el servicio también es rápido y amable; pues el patrón casi siempre está allí, cuidando que todo se haga adecuadamente y revisando la sazón de esas recetas fundamentalmente simples, aunque perfectamente ejecutadas.

Historias que no acaban

Sánchez asegura que prácticamente todos los días conoce a una persona nueva y frecuentemente está dispuesto a compartir sus historias extraordinarias.

Algunas de ellas muy tristes, como la muerte de su hija en un accidente de auto un domingo de Carnaval; aunque dice que es ella quien desde el cielo lo ha acompañado en su trayectoria exitosa como restaurantero.

Otras increíbles, pero ciertas, las fotos lo demuestran, como cuando Charles Bronson, el ya fallecido "hombre duro" de Hollywood, pasó una tarde en El Cuchupetas acompañado de dos de las mujeres más bellas que ha visto Manuel Sánchez, pues su avión no pudo volar a su destino en Estados Unidos donde caía una tormenta.

El Cuchupetas ya no bebe alcohol, lleva una vida moderada pues sufre de diabetes, viaja muy poco, generalmente en carretera, y ello para servir un banquete.

Sus aficiones son elementales, como disfrutar de la familia, ver la televisión y escuchar música ranchera.

El restaurante está abierto de domingo a lunes y, además de muchos visitantes, le ha traído prosperidad a su pueblo que está a 10 minutos del Aeropuerto de Mazatlán.

"A veces no me la creo, pienso que ha sido un milagro todo lo que ha sucedido con este negocio", acepta.

Aunque difícilmente alguien puede fallar, si trabaja tanto, con tanta pasión y si además siempre parece dispuesto a hacer amigos.

Este personaje de la gastronomía sinaloense comparte que su canción favorita es "Gracias" de José Alfredo Jiménez.

Pero ni siquiera esas estrofas se han escapado de su humor, pues asegura que los versos más elevados son aquellos que dicen:

Si tuviera con qué compraría para mí otros dos corazones para hacerlos vibrar y llenar otra vez sus almas de ilusiones y poderles pagar que me quieran a mí y a todos mis camarones”…

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