Yonathan Amador Gomez

Gozo y alegría de Betuco y su Wet Paint Jazz Fusión

Tuvieron que pasar más de tres décadas para que Roberto Arballo “Betuco” grabara el primer disco de su banda Wet Paint Jazz Fusión, agrupación formada en los años 80 en Estados Unidos y que continúo en México.

La década de los 80 fueron buenos años para la industria musical. En Los Ángeles había trabajo y un mexicano formaba parte de la burbujeante escena. Roberto Arballo Loreto “Betuco”, estaba al frente de la dirección musical del Festival OTI de la ciudad californiana, pero además colaboraba con músicos de corte internacional.

Por aquella época, un día ensayaba con Lionel Riche, otro con Sergio Mendes o con Al Jarreau y justo con los músicos que los acompañaban ─y con quienes también colaboraba Betuco─, fue que decidió formar su “dream band” para tocar sus propias composiciones. Así nació Wet Paint Jazz Fusión.

Si en la escena musical y jazzera mexicana existe alguien con una carrera y trayectoria similar a la de Enrique Nery, esa es la del tremendo Betuco. Formado desde pequeño en su natal Mazatlán, cursó estudios en el Conservatorio Nacional, así como en escuelas en Europa y Estados Unidos. Trabajó mucho tiempo en Televisa como director musical y arreglista y fue una de las mentes musicales detrás del éxito de Timbiriche.

Faltaría espacio para detallar con cada uno de los músicos que ha trabajado a lo largo de sus casi 50 años de carrera y fue justamente esa agenda la que lo llevó a relegar sus proyectos personales y al Wet Paint Jazz Fusión. “Soy muy desorganizado”, me comenta entre risas, pero desorganizado para lo suyo.

Fue así que la mano dura de Yuko Fujino, la productora del disco y compañera de Betuco, tuvo que entrar en acción con la pequeña ayuda de una pandemia que lo obligó a recluirse y enfocarse en Joy, primer disco de Wet Paint Jazz Fusión que ve la luz en poco más 30 años de existencia de la banda. El tiempo de espera valió toda la pena.

Si bien la mayor parte de los temas ya los había escrito Betuco desde hacía algún tiempo, al repertorio se sumó Santiago de Pepe Morán y la grabación de Norwegian Wood de The Beatles, que se editó como sencillo en un disco aparte. La exigencia que Betuco tiene en cada proyecto no fue la excepción aquí y pese a que ya eran conocidas las rolas se ensayaron antes de meterse al estudio para grabar. El resultado ─utilizando las palabras de Betuco─, es una grabación limpia y con eso se refiere a que cada nota, cada silencio está perfectamente diseñado y ejecutado; cada instrumento toca lo que debe tocar en el momento exacto que lo debe tocar. Nada está fuera de su lugar.

En Joy Betuco plasmó la sensibilidad musical que posee, mostró el largo colmillo de la experiencia que los años dan y fue ambicioso, “me aloqué mucho, pero Yuko no me dejó”. Para Betuco no era suficiente con tener a grandes músicos y amigos de larga data en el estudio, como Yako González, Armando Espinosa (ambos fundadores del Wet Paint en México), Pepe Morán, Daniel Loyo, Diego Franco, Rafael Berrueta, Ingrid Beaujean, Ricardo Benitez o Irving Lara; quería que todos los músicos que han pasado por la banda estuvieran en el disco, “los músicos de Wet Paint, tiene membresía vitalicia”. Ese proyecto deberá esperar.

Influenciado principalmente por el jazz de los años 70, pero además por la música brasileña y antillana, en Joy descubrimos además funk, soul y algunos toques de rock.  “Es una amalgama de todo lo que nos representa”.

Trabajar con un amplia gama de músicos, que van de Frank Sinatra a Ricardo Arjona, deja a  Betuco en una posición más allá del bien y del mal, más allá de lo comercial y lo no comercial, de hecho afirma, y yo con él, que no existe tal cosa, “tengo una vista muy limpia, un espectro (amplio) de la cuestión musical” y eso queda evidenciado en Joy de Wet Paint Jazz Fusión; el sonido de una banda de difícil categorización y que suena como las mejores del mundo. “Cuando las cosas son sencillas suenan muy bonitas”.

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