Yonathan Amador Gomez

Armando Montiel, el beat de una vida

Con una trayectoria de más de 4 décadas en la música y en el jazz mexicano, Armando Montiel es una referencia obligada en cuanto a percusiones en México, señala Yonathan Amador Gómez.

Ahí estaba. Si bien no contra su voluntad, sí contra su gusto por estar entre multitudes. Pero al final ahí estaba, en medio del gentío de un concierto ya fuera porque la ocasión lo ameritaba, porque lo convenció el hermano de su cuñado, pero principalmente por la curiosidad de escuchar algo que hasta ese momento no le emocionaba mucho, música tropical. Armando Montiel, uno de los grandes percusionistas de México, estaba por descubrir su instrumento en un concierto de Oscar D’León en lo que era el Maxims y ahora La Maraka.

Si bien Armando Montiel está inmerso en la música desde los 5 años —en gran medida por su padre Don José Refugio Montiel, bohemio, guitarrista de tríos y compositor de boleros—, no fue sino hasta los 21 que se inició en la percusión, tras el concierto de Oscar D’León en el que presenció un set de percusión y bajo que lo dejó perplejo y se dijo: “¡cámara!, si eso se puede, yo quiero esa onda”. Posteriormente llegó a sus oídos Ray Barretto y ya no hubo vuelta atrás.

Previo a esta anécdota que me comparte entre risas, Armando se dedicó un buen tiempo a interpretar trova y folklore latinoamericano. En medio del boom que esa corriente musical tuvo en los años 70 e inicios de los 80, y a invitación de su amigo Severo Viñas —bajista por casi una década de la emblemática banda de blues Real de Catorce—, tocó la guitarra, el cuatro, la jarana. “Eso me ayudó a entender el carácter de los distintos estilos y de las distintas músicas folclóricas de países” como Venezuela, Bolivia, Colombia.

Como buen vecino de la Moctezuma, a su alrededor siempre estuvo presente la música tropical, por lo que después de tomar la decisión de dedicarse a las percusiones y hacer algunos intentos con botes de crema de su mamá —no es broma—, no fue difícil acercarse a un grupo del barrio, amigos de su papá, que tocaban música de la Santanera y con quienes comenzó a hacer sus pininos en las percusiones.

“Tocas bien o te bajas”, fue la sentencia de Chilo Morán a un joven Armando durante un palomazo en el Arcano. Esa frase y una posterior plática con el pionero del jazz mexicano fueron suficientes para que entendiera que lo importante no era tocar fuerte y rápido, sino con matices y escuchar a los otros.

Músico de sesión y de concierto de artistas como Tania Libertad, Armando Manzanero, Lila Downs, por mencionar solo tres de un gran universo, Armando Montiel tuvo uno de sus mayores aprendizajes con jazzistas como Chilo Morán, Víctor Ruiz Pasos “Vitillo”, Enrique Nery, Eugenio Toussaint o Héctor Infanzón, gracias a ellos “he aprendido mucho sobre todo, en el sentido de poder entender qué es lo que quieren los arreglistas y cantantes, eso se lo debo a quienes me enseñaron a escuchar... ellos son la base de lo que soy ahora, de cómo interpreto y las cosas que hago”.

Dentro del jazz mexicano Armando ha tenido importantes participaciones con una gran cantidad de jazzistas, baste mencionar el disco “Los Pintores” (The Painters) de Sacbé; “Nos Toca”, de Héctor Infanzón con su cuarteto, uno de los mejores discos de jazz latino que se ha producido en nuestro país y en donde Armando tiene brillantes solos; además grabó temas con Enrique Nery, Iraida Noriega, Pepe Hernández, entre otros.

Cargado de un espíritu inquieto, de un humor a prueba de todo y de unas enormes ganas de conocer e investigar, Armando Montiel ha logrado crear su propio sonido que resuena sin importar si es pop, bolero, folklore, funk, rock o jazz. Considera que es un irrespetuoso por su aproximación a la música y los instrumentos, sin embargo, tiene un don nato para “leer a primera oreja” y sobre todo Armando Montiel tiene un talento excepcional.

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