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México: ni cambio ni transformación

Las fuertes presiones en los precios de las materias primas, principalmente las alimenticias y energéticas, están traduciéndose en una inflación persistentemente elevada.

Mientras el impacto sanitario y económico de la pandemia aún no logra diluirse, la guerra de Rusia contra Ucrania amenaza con descarrilar la recuperación y seguir impulsando la inflación a nuevos máximos.

Las fuertes presiones en los precios de las materias primas, principalmente las alimenticias y energéticas, están traduciéndose en una inflación persistentemente elevada y generando una incertidumbre económica inusualmente elevada.

Los trastornos provocados por los tres factores –pandemia, guerra e inflación– ya cobraron su cuota sobre la competitividad de muchos países, incluido el nuestro.

En este contexto desfavorable, México sigue rezagándose en el ranking de competitividad global comparado con otros países cuyas economías tienen un tamaño similar o hasta menor a la nuestra.

El jueves pasado, IMD Business School publicó su anuario de competitividad mundial de 2022, donde esta ocasión analiza 63 economías, una menos que el año anterior.

El reporte anual de la prestigiada escuela de negocios suiza, elaborado por su World Competitiveness Center, confirma lo evidente: nuestro país se estancó en el puesto 55, en línea con la caída sostenida en la última década.

Si bien no se movió respecto a su posición de un año antes, México se mantuvo en su nivel más bajo desde 1997, según los registros que datan de ese año.

De la región, el país mejor clasificado sigue siendo Chile (45), que sin embargo bajó un peldaño, suficiente para alcanzar un nuevo mínimo histórico en esa escala de competitividad.

Después está Perú (54), que escaló cuatro lugares y desplazó a México, seguido de Colombia (57), donde este domingo hay segunda vuelta de las elecciones presidenciales, así como de Brasil (59), Argentina (62) y Venezuela (63), que se mantiene al final del ranking.

En 2013 México se situó en el lugar 32, su mejor posición en los años recientes, pero desde entonces empezó a mostrar un deterioro constante, a excepción de 2015 y 2019, cuando tuvo ligeras mejoras.

El balance para nuestro país de ese periodo, que abarca el gobierno de Peña Nieto y la mitad del de López Obrador, es la pérdida de 23 escalones en la clasificación de competitividad de la IMD, que este año lidera por primera vez Dinamarca, seguida de Suiza, Singapur, Suecia y Hong Kong.

La institución analiza cuatro grandes pilares o áreas de competitividad: desempeño económico, eficiencia gubernamental, eficiencia empresarial e infraestructura.

En 2021 México repuntó 22 lugares en desempeño económico, del 49 al 27, pero bajó un puesto en eficiencia gubernamental, que sigue siendo el área de mayor rezago, del 59 al 60.

En los otros dos pilares evaluados, el país mantuvo el escalón 47 en eficiencia de negocios y retuvo el peldaño 58 en infraestructura.

Al interior del pilar de eficiencia gubernamental, México se ubica en el sitio 60 en legislación para los negocios, pero en educación, que está dentro del área de infraestructura, está en la casilla 62.

Estar en esos dos rubros casi al fondo de la tabla en todo el ranking de competitividad debe ser una señal inquietante.

Como también debe verse con signo positivo el escaño 5 que tiene el país en empleo dentro del pilar de desempeño económico.

Para la IMD, uno de los principales retos de México es “instrumentar políticas económicas, sociales y de salud para una rápida recuperación de los efectos de la pandemia de covid-19″.

Pero también es necesario “mejorar el clima de negocios, reducir la incertidumbre y (tener un) mejor marco de justicia, seguridad y democracia” en el país.

Además, México debe “promover un mayor crecimiento del PIB (3 a 4 por ciento anual) impulsando el mercado interno a través de la innovación”, así como “mejorar su relación con economías relevantes en el mundo” y “promover reformas estructurales para mejorar la educación y (el desarrollo de) energías limpias”.

Nada diferente de los retos que la institución ha planteado en los últimos años, a los que no se ha dado respuesta pese a ser claves para la competitividad global del país y su crecimiento económico de mediano y largo plazos, que es lo que esencialmente permitirá consolidar un proceso de transformación nacional.

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