La acusación de un grupo de congresistas estadounidenses contra el gobierno mexicano en el sentido de que sus acciones en materia energética contravienen el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá y que el presidente López Obrador desea dar un trato preferencial a Pemex y CFE, llegan en mal momento.
México se mantiene como el principal socio comercial de Estados Unidos, por arriba de Canadá –el otro aliado en el T-MEC– y de China en los primeros nueve meses del año, según cifras de la Oficina del Censo del vecino país.
En el periodo enero-septiembre, el comercio bilateral ascendió a 486.6 mil millones de dólares, lo que representó 14.6 por ciento del intercambio de mercancías de EU con el mundo.
México sigue siendo el segundo mercado para las exportaciones estadounidenses, después de Canadá, y es aún el segundo proveedor de las importaciones de EU, después de China.
De acuerdo con la subsecretaria de Comercio Exterior, Luz María de la Mora, ser el principal socio de EU demuestra nuestra profunda integración comercial y abona al crecimiento y la competitividad de América del Norte.
La integración no se habría consolidado sin el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá, que el pasado 1 de noviembre cumplió 16 meses de haber entrado en vigor.
El T-MEC, que sustituyó al TLCAN, vino a modernizar las reglas para mejorar el comercio y la inversión en Norteamérica.
En septiembre China se volvió a colocar como el principal socio comercial de nuestro vecino del norte; en el acumulado hasta el tercer trimestre del año México mantiene el liderazgo, aunque está perdiendo participación y Canadá ya le ‘pisa los talones’.
A pesar de que el Tratado es fundamental para la economía mexicana por ser un motor para el crecimiento pospandemia, congresistas estadounidenses vuelven a acusar a México de contravenir sus compromisos internacionales, incluido el T-MEC.
Así lo señala la carta fechada el 3 de noviembre y enviada por 40 legisladores federales de EU a los secretarios de Estado, Anthony Blinken; de Comercio, Gina Raimondo, y de Energía, Jennifer Granholm, además de la representante comercial, Katherine Tai.
Los congresistas advierten que el mismo AMLO ha reconocido el objetivo explícito de brindar un trato preferencial a las empresas energéticas nacionales, Pemex y CFE, “en directa contradicción con el T-MEC, que su propia administración negoció y firmó”.
En realidad, la firma del Tratado ocurrió el 30 de noviembre de 2018, en el último día del gobierno de Peña Nieto, pero lo que sí negoció y firmó la administración de López Obrador fue el Protocolo Modificatorio al T-MEC, que incluye la polémica regla de origen automotriz.
“Los informes recientes de acciones discriminatorias contra empresas estadounidenses requieren una respuesta oportuna y clara”, plantean los legisladores de EU a los funcionarios del gobierno de Joe Biden.
“Los instamos a que redoblen sus esfuerzos para presionar a las autoridades mexicanas para que detengan las acciones discriminatorias y brinden a las empresas estadounidenses que operan o comercian con México un campo de juego nivelado, como lo prevé el T-MEC”, subrayan.
Casi en paralelo, el embajador estadounidense en México, Ken Salazar, reveló que a media semana sostuvo reuniones con funcionarios del gobierno mexicano para hablar sobre la reforma energética, donde expresó “serias preocupaciones” de EU.
El problema de la iniciativa para reformar los artículos 25, 27 y 28 constitucionales en materia energética, que principalmente se enfoca en la industria eléctrica, es que, además de afectar el mercado de generación de electricidad, prácticamente cancela derechos adquiridos.
Con el nuevo intento por cambiar las ‘reglas del juego’ en el mercado eléctrico, México no sólo incurre en una contradicción con el T-MEC, sino que toma decisiones unilaterales en detrimento de sus socios en América del Norte.
Y si pasa la reforma, va a ser muy complicado fortalecer la integración con Estados Unidos y Canadá.