Victor Manuel Perez Valera

El trabajo y la dignidad humana

La cultura no puede concebirse sin la aportación del trabajo, sin el esfuerzo inteligente orientado hacia el progreso del ser humano como persona y como sociedad.

Hay dos aspectos del trabajo que llaman poderosamente nuestra atención: el trabajo como productor de cultura y el trabajo como realización del ser humano. El primer aspecto nos recuerda la gran aventura del homo faber que ha construido civilizaciones y continúa enriqueciendo el patrimonio común de la humanidad. La cultura no puede concebirse sin la aportación del trabajo, sin el esfuerzo inteligente orientado hacia el progreso del ser humano como persona y como sociedad.

Esto lo proclamaba elocuentemente el poeta español Gabriel y Galán en su Canto al trabajo: “Redimes y ennobleces, / fecundas, regeneras, enriqueces/ alegras, perfeccionas, multiplicas/ el cuerpo fortaleces/ y el alma en sus crisoles purificas”. Estos múltiples beneficios del trabajo pueden corromperse por el abuso y hacer que de la fábrica salga ennoblecida la materia inerte y, en cambio, el hombre envilecido.

La dignidad y la importancia del trabajo lo expresó claramente la Encíclica Laborem exercens: “el trabajo humano es una clave y probablemente la clave esencial de toda la cuestión social, si intentamos verla desde el punto de vista del bien del hombre. Y si la solución -o mejor dicho la solución progresiva- de la cuestión social, que continúa presentándose sin cesar y que se hace cada vez más compleja, tiene que buscarse en un esfuerzo por hacer la vida humana, más humana”. En efecto, es de suma importancia que el proceso de producción no se convierta en proceso de despersonalización.

Con la globalización se hizo mucho más íntima la relación entre trabajo y economía, y con ello la amenaza de la preponderancia de la economía sobre el derecho del trabajo. Ante la globalización, el progreso técnico, las llamadas “nuevas revoluciones industriales”, y los graves problemas que ha suscitado la pandemia, algunas organizaciones no gubernamentales como OXFAM Intermón y Setem, están luchando para que la incidencia económica en el trabajo sea más justa.

En el 2004, se dio a conocer por la OIT el resultado de la investigación de la Comisión Mundial sobre la Dimensión Social de la Globalización: Una globalización equitativa. Crear oportunidades para todos. Este estudio fue realizado por un grupo interdisciplinar de 24 investigadores durante dos años. La investigación se propuso tres objetivos: identificar las políticas para una globalización que reduzca la pobreza, que estas políticas no sean discriminatorias, y finalmente, implementar internacionalmente políticas coherentes en el ámbito económico y social. El investigador parisino, Zaky Laïdi considera la globalización como un “equilibrio desequilibrado”. Habría que subrayar el desequilibrio ya que el desempleo quizá supere los 200 millones de personas y golpeé especialmente a los jóvenes.

Esta preocupación también ha surgido en algunas grandes empresas que han creado departamentos específicos de responsabilidad social corporativa (RSC), los cuales procuran crear y vigilar los códigos éticos de las empresas, las condiciones laborales que estas exigen y los proyectos sociales a los que se vincula la propia empresa. Los gobiernos locales en lugar de combatir las empresas deberían luchar por impulsar la creación de estas organizaciones, lo mismo que la OIT y la Confederación Internacional de los Sindicatos.

Las mismas organizaciones sindicales deben revalorarse, ya que, en muchos países del tercer mundo, la corrupción y el abuso de poder les ocasionó un gran desprestigio. Algunos piensan que los sindicatos no generan respuestas serias y solo tienen un papel reivindicativo. Falta ciertamente una cultura de diálogo en el ámbito laboral, entre los obreros y con los dueños de las empresas. No es poco frecuente que los dirigentes sindicales solo pretendan ostentar el poder y beneficiarse de él. De esto, en México tenemos bastantes ejemplos.

También en el ámbito internacional se requiere recomponer la unidad sindical. La UNESCO en julio de 2004 organizó un diálogo que denominó “culturas del trabajo”. Acudieron más de 70 confederaciones sindicales de diversos países, y entre otros graves problemas se señaló que las multinacionales, no siempre, pero en muchos casos, deprecian los derechos de los trabajadores. La importancia de la ética en el trabajo lo subraya ampliamente el libro de Zigmunt Bauman: Trabajo, consumismo y nuevos pobres. Los problemas son muy complejos, haría falta un poder público mundial que reglamentara la globalización y sugiriera soluciones concretas a los problemas que surgen de conflictos globales como el que estamos padeciendo por la pandemia.

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