Victor Manuel Perez Valera

Evidencias del más allá

Vale la pena profundizar un poco más, los dos estudios que nos ayudan a despejar esta incógnita: el análisis de las experiencias de muerte cercana y la profundización de los testimonios del Evangelio.

Por el ensayo anterior, La Pascua y el sentido de la esperanza, recibí de modo especial, comentarios muy alentadores, y algunas personas pedían que se ampliara el estudio de esta temática. La muerte siempre está a nuestro alcance, es una constante amenaza, especialmente en estos tiempos de pandemia, y surge espontáneamente la pregunta ¿hay otra vida después de la muerte?

Por consiguiente, vale la pena profundizar un poco más, los dos estudios que nos ayudan a despejar esta incógnita: el análisis de las experiencias de muerte cercana (EMC) y la profundización de los testimonios del Evangelio. Sobre el primer aspecto, considero el estudio más profundo y completo el de Pim van Lommel, sin embargo, la investigación un poco más analítica, de Jeffrey Long & Paul Perry, Evidencias del más allá, pruebas de la existencia de otra vida después de la muerte, no le va demasiado a la zaga. El Dr. Long radio oncólogo, y su esposa Jody, crearon una fundación sobre EMC y coordinan un sitio especial web a este respecto. En el libro se analizan más de 600 testimonios de EMC y resume en nueve pruebas, consideradas concluyentes, sobre la vida más allá de la muerte.

Las EMC que se estudian, se dan en personas inconscientes, con muerte clínica o bajo anestesia general; se suele dar una instantánea revisión de la vida, incluso de experiencias olvidadas; estos fenómenos son similares en los países orientales a los que se dan en el mundo occidental; las experiencias visuales y auditivas son realistas, incluso en personas con deficiencias visuales o ciegas de nacimiento; asimismo, estos acontecimientos son similares en los niños, adolescentes y adultos; en ocasiones se dan encuentros con personas conocidas o parientes difuntos. Conviene, finalmente, subrayar que es común que se produzcan, a raíz de estas experiencias, cambios positivos en la vida, profundos y duraderos.

También es recomendable el libro de Morton, T. Kelsey, Afterlife, The Other Side of Dying. Kelsey investiga las EMC y los argumentos teológicos. El autor es sacerdote episcopaliano y dirige un seminario sobre la muerte y el sufrimiento en la Universidad Católica de Notre Dame.

Ahora bien, las evidencias se imponen a la mente, no son objeto de la fe, ésta en cambio, se basa en los testimonios que son una amplia fuente del conocimiento humano, y sobre todo, comunicación de las experiencias más íntimas y profundas sobre la amistad y el amor. El amor, el auténtico amor, tiene deseos de eternidad. Tenía razón Saint Exupery: “lo esencial es invisible a los ojos”.

El más antiguo credo cristiano confirma que Jesucristo resucitó al tercer día “según las Escrituras”. El investigador marxista B. Bosnjak preguntó: ¿Cuál es el significado profundo de esta expresión? En respuesta, se ha dicho que el número tres es símbolo de perfección. Sin embargo, la clave no está en considerar solo el aspecto cronológico, sino el bíblico, “según las Escrituras”. En esta línea se señalan dos pasajes, uno del Nuevo y otro del Antiguo Testamento: la experiencia de Jonás, aplicada a Jesucristo, (Mt 12,4) y el canto penitencial de Oseas: “al tercer día nos reestablecerá y viviremos en su presencia” (Os 6,1-2).

No contento con esto, Karl Lehmann realizó una investigación más profunda y descubrió que en la Biblia la expresión “al tercer día” alude sobre todo al estado anímico de las personas. Así José y María buscan a su hijo con gran angustia durante tres días; Jesús prometió una empresa extraordinaria, restaurar el templo en tres días (Jn 2,19-22); Abraham e Isaac caminan hacia el sacrificio durante tres días, llenos de zozobra (Gen 22,4), tres días aguardan Moisés y el pueblo en gran expectativa las tablas de la ley (Ex 19,11-16); igualmente después de tres días de angustia José el hijo de Jacob y la reina Esther experimentan la ayuda salvífica de Dios. A estos ejemplos se podrían añadir otros muchos. Por consiguiente, en el Credo cristiano la expresión “al tercer día” significa que, ante la muerte, callejón sin salida para el hombre, Dios interviene de modo definitivo para dar la vida eterna. En pocas palabras, cuando parecía que Jesús había fracasado y había sido vencido por la muerte, acontece la resurrección, lo cual significa que la muerte puede ser el último grito, pero no la última palabra. El camino del creyente no es hacia el ocaso, sino hacia la aurora.

COLUMNAS ANTERIORES

Nacer de nuevo: Íñigo de Loyola y la pandemia
Reflexiones sobre la democracia y el populismo

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.