El sector global Fintech ha alcanzado un etapa decisiva de desarrollo, combinando una mayor rentabilidad con modelos de negocio más maduros. Actualmente, América Latina es el mercado que más crece a nivel mundial, siendo México la plaza con mayor grado de desarrollo. A diferencia de otros países, el mercado mexicano cuenta con un ecosistema digital y un marco regulatorio sólido. Ante el desafío de las Fintech en el país, ¿cómo debería posicionarse la banca tradicional?
De 2017 a 2024, el número de Fintechs en México se multiplicó por más de cuatro (de 180 a 803) y por más de seis, si se consideran también las compañías extranjeras (1,100), según FinTech México. El país concentra alrededor del 20% de las Fintech de América Latina y el Caribe, convirtiéndose en el mayor mercado de habla hispana y el segundo de la región, solo por detrás de Brasil.
El mercado local muestra señales de madurez. Entre 2023 y 2024, el número de Fintech activas aumentó alrededor de 4%, tasa inferior a otros mercados latinoamericanos, lo que sugiere un cambio de foco: de la creación de nuevas startups a la consolidación, escalabilidad y rentabilidad de los modelos existentes. Esta evolución también se refleja en la inversión en Fintech: México captó 828 millones de dólares de capital de riesgo en 2023 y aproximadamente 970 millones de inversión en estas startups en 2024.
Las oportunidades del sector en América Latina
Pese a la expansión del sector de las tecnofinanzas en la región, su potencial de crecimiento sigue siendo considerable. En México, apenas 13.5% de las microempresas acepta pagos digitales. Al mismo tiempo, alrededor de 60% de las Fintech utiliza componentes de open finance y 68% inteligencia artificial. Más que por la creación de startups, la etapa actual se caracteriza por la capacidad que tienen estas empresas para innovar y transformar el sistema financiero.
El mercado global de las Fintech acumula ventas por 650 mil millones de dólares, alcanzando un crecimiento anual compuesto de 23% desde 2021. Según estudios de la consultora McKinsey, la capitalización de mercado rodea los 850 mil millones de dólares, superando los máximos históricos registrados en 2021 y culminando una recuperación del 40% desde el punto más bajo registrado en 2023. Los principales servicios que impulsan este crecimiento son el procesamiento de pagos y remesas, la facilitación de créditos, la gestión de patrimonio y la compraventa de activos financieros, así como productos de seguros, conocidos como insurtech.
Con respecto a las geografías, el mercado norteamericano lidera en tamaño y profundidad de productos. Por su lado, América Latina es el mercado más pequeño, pero con una baja penetración y el mayor potencial crecimiento. México mantiene así una ubicación geográfica muy interesante de cara al desarrollo futuro de la industria financiera digital.
¿Qué estrategia debe adoptar la banca tradicional?
No es la primera vez que una industria consolidada se enfrenta a competidores disruptivos. El primer paso para los bancos es comprender el alcance de estas nuevas fuerzas competitivas, evaluar su posición y definir estrategias de adaptación. A partir de ahí, se pueden buscar oportunidades para influir sobre esas fuerzas y explorar nuevos espacios competitivos. Las Fintech se caracterizan por tener objetivos definidos, modelos de negocio focalizados y una clara comprensión de sus diferenciadores. La banca tradicional debe hacer el mismo ejercicio y preguntarse cuáles son sus diferenciadores y en qué desea destacar.
El caso mexicano muestra que la competencia y la colaboración no están reñidas. Por el contrario, bancos y Fintech están descubriendo que sus capacidades pueden ser complementarias. El 65% de las tecnológicas mantiene colaboraciones activas con las entidades tradicionales. Mientras que las Fintech aportan agilidad, tecnología, especialización y nuevos modelos de experiencia del cliente, los bancos mantienen fortalezas difíciles de replicar, como una amplia base de clientes, infraestructura consolidada, capacidad de fondeo, gestión integral de riesgos, experiencia operando a gran escala y la confianza derivada de un marco regulatorio exigente.
La partida, por tanto, no tiene por qué ser un juego de suma cero. Para la banca mexicana, el desafío será decidir dónde competir, colaborar e integrar capacidades Fintech en su propio modelo. Al mismo tiempo, se abre la posibilidad de que bancos y Fintech evolucionen conjuntamente hacia un sistema financiero más digital, eficiente e incluyente.