Simon Levy

¿China capitalista?

Mientras el mundo se pregunta si China es capitalista o comunista, el gobierno construyó 4 millones de kilómetros de carreteras para conectar el 95 por ciento de sus ciudades.

Él estaba dando vueltas cabizbajo por toda la habitación, reposaba sus manos en las bolsas laterales de su chaqueta gris de algodón de estilo maoísta.

La primera página del libro que estaba al lado de la mesa descubrió la frase  “la vida no es un problema que tiene que ser resuelto, sino una realidad que debe ser experimentada” y a lado venía una imagen pintada a mano de un rostro.

¿Qué hacia un libro de Søren Kierkegaard en la oficina del líder Wang?

Abrí las cortinas en señal de querer llamar su atención, pero no lo logré. De inmediato se abrió sobre mi vista la sede de la televisión central china que hizo Rem Koolhaas con sus más de 473 mil metros cuadrados y un costo de 600 millones de euros en su construcción inaugurada el día de los Juegos Olímpicos de 2008. Antes, en 2005, China construyó el equivalente a toda la superficie de la ciudad de Roma cada 2 semanas y a partir de ese año también construyó el equivalente a todas las viviendas existentes en Europa.

Al lado del libro del teólogo danés, también estaba un ábaco, lo empecé a tomar para intentar hacer un poco de ruido y así llamar su atención.

Súbitamente me miró y me dijo: “mira la trampa: las personas invierten cada vez más cantidades de esfuerzo físico para tener un menor grado de cambio material y mucho menos avance emocional”. Levy, sigue estudiando matemáticas y aprende a programar”. Me ordenó.

En las pruebas PISA de 2015, China tuvo el sexto lugar en matemáticas y Estados Unidos el lugar 39.

Prendió entonces la televisión y apareció Xi Jinping: “hay dos tipos de tecnología: la agradable y la necesaria. Si bien China debe acelerar la construcción de una economía digital, la sociedad digital y el gobierno digital, no podemos caer en la trampa de la desindustrialización”.

“Ninguna empresa privada puede estar por encima del interés del Estado, y sobre todo del beneficio de la productividad. Vamos a imponer cuantiosas medidas regulatorias en múltiples frentes a empresas de consumo por Internet y vamos a dar todo tipo de subsidios a fabricantes “Made in China”. Sentenció el presidente más poderoso de China, después de Mao.

¿Profesor Wang, no es este un acto suicida y una contradicción para la economía, regular e impedir el consumo digital?

Se tomó la barbilla con su mano derecha, me clavó la mirada y me dijo: “sigues cayendo en la trampa del pensamiento occidental”.

¿Por qué pensar que es excluyente la digitalización de la economía y la productividad? Le volví a insistir.

“China quiere muchos empleos bien pagados para crear baterías eléctricas, no pocos empleos mal pagados para venderlas; la democracia china consiste en crear ingenieros que fabriquen semiconductores de estado de arte y vehículos eléctricos, no programadores que compitan con otros programadores por mano de obra barata”.

Estaba realmente confundido. Él retomo su caminata semicircular por la sala de su oficina.

Xi proseguía en la televisión: “la economía real es el cimiento de la productividad y por eso las industrias de manufactura no pueden abandonarse. El capitalismo occidental ha abandonado la productividad y el producto interno bruto de la mayoría de las economías avanzadas migró su empleo industrial al extranjero. China, también ha reducido mucho sus manufacturas, pero seguimos estando a la cabeza con el 26 por ciento de la participación de manufacturas en nuestra economía. No podemos caer en la receta occidental”.

¿Escuchaste lo que dijo Xi? Me miró retadoramente.

“Las empresas de ventas de consumo de Internet están creando impuestos ocultos a la productividad que no sabes mirar. No todo en una economía de mercado es monetizar dinero, hay costos ocultos, que provocan más impacto del que te puedas imaginar”, me dijo con autoridad el ministro Wang Maolin, mentor y líder del partido columnista en Hunan.

“Las manufacturas avanzadas no son sinónimo de pasado sino de futuro, porque agregar valor siempre crea más beneficios sociales que los valores de mercado capitalista no puede comercializar. ¿Si tu formas un desarrollador para competir con otro desarrollador o un ingeniero para crear una nueva industria donde nadie te compita ¿qué te genera más rendimiento, pero sobre todo gobernanza?

“El socialismo con características chinas, le dice al capitalismo como debe crear beneficios para las mayorías, no para las minorías de un mercado”. Me remató.

La Torre de Koolhaas se prendió y así entendí la razón de ver a Kierkegaard en la oficina del líder Wang. Sigo cayendo en la trampa de definir cosas en lugar de crear buenas ideas.

No cabe duda que sin filosofía, la mente humana normaliza la confusión entre ideología y conocimiento y mientras el mundo se pregunta si China es capitalista o comunista, el gobierno construyó 4 millones de kilómetros de carreteras para conectar el 95 por ciento de sus ciudades.

Mi profesor dejó de dar vueltas por la sala, se acercó, me miró sonriente y me dijo:

“Nunca olvides que el capitalismo occidental quiere monedas estables, no crecimiento con desarrollo. Salta la trampa de las ideologías”.

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