Desde Palacio Nacional recorre el país con paso seguro y acción certera, matando, destruyendo, eliminando a sus objetivos. Tiene prisa porque el tiempo avanza, pero va progresando satisfactoriamente en esa hecatombe bajo el nombre de transformación. Es, ni duda cabe, algo histórico, como lo ambicionó quien planeó todo por largo tiempo. Finalmente, logró su asalto al poder y con singular sangre fría ejecuta la matanza.
Fundamental es derribar esa escalera con la que subió al poder, que nadie pueda seguir el mismo camino de la voluntad popular. El autoritario disfrazado de demócrata no logró su deseo de reelegirse, pero quiere dejar en su lugar a alguien que le cuide la espalda, preserve lo que considera su legado e, idealmente, siga la senda destructiva. La muerte de la democracia con un pretexto que se repetirá incansable: es que cuesta mucho dinero, hay corrupción, no hace falta porque es suficiente alguien impoluto que organice la elección y cuente los votos. ¿Para qué un aparato tan caro, esos sueldos tan astronómicos? Así, de paso, se cobra la revancha por los fraudes de 2006 y 2012, buscando herir de muerte al INE.
Si el país no está para frivolidades como la democracia, menos para la transparencia. El gobierno es honesto, lo conduce quien barre las escaleras de arriba para abajo. Cuando ha habido dinero en sobres es, precisamente, para apoyar al Movimiento, a la transformación. Instituciones como el INAI hacen que cosas buenas parezcan malas, y esos sueldazos y presupuesto bien se necesitan para cuestiones tan esenciales como construir una refinería. ¿Por qué el INAI nunca transparentó el sueldo y los gastos de Loret de Mola? Eso muestra su arbitrariedad. Lo mejor es matarlo, porque además se complementa con la destrucción del INE; la democracia muere en la oscuridad.
Como muerte merecen esos aspiracionistas que quieren ser clasemedieros. Hay que cerrar los caminos de lo que permita alcanzar una vida mejor, en que no se necesiten las becas o pensiones que ofrece el demagogo. A fortalecer a quienes enseñan poco, pero se movilizan mucho por la causa: la CNTE. Muerte al Conacyt, ese semillero de ciencia neoliberal, colaboración con empresarios y becas de posgrado, recursos que se necesitan para tantas otras cosas como el Tren Maya. ¿Quieren estudiar? Se puede gratis y hasta sin obstáculos molestos como es un examen de admisión. Para eso están las Universidades del Bienestar Benito Juárez García.
Si una población educada es un peligro, también lo es una saludable, aparte que es algo muy costoso eso de pagar médicos y tratamientos. Esos 3 mil niños con cáncer que ya fallecieron, los que ahora enfrentan falta de quimioterapias, permiten seguir inyectando dinero a Pemex. El Insabi cumplió su propósito de destruir el Seguro Popular y quedarse con sus recursos, y es el turno de matar al Insabi. Que decenas de millones queden desprotegidos ante una posible muerte, mientras se proclama que ya llega un sistema de salud como el de Dinamarca.
Larga vida en cambio para aquellos que propagan la muerte. Abrazos para los criminales, no balazos. Es el camino para lograr la paz, aunque sea la paz de los cementerios. ¿Qué el fentanilo está cegando miles de vidas en Estados Unidos? En México no se produce nada, y lo que llega viene de China. Que no se atrevan esos gringos a perseguir a nuestros criminales.
La destrucción y muerte de un país como pretexto de esa transformación histórica que obsesiona al mesiánico del Palacio.