Gracias, Lord AMLO, por permitir que en estas tierras tuyas pueda abrir una fábrica de Tesla. Mostraste, una vez más, quién manda en México. Te comportaste como lo que eres, señor de horca y cuchillo, noble feudal que no permite que se mueva una hoja en estas tus posesiones sin tu permiso. Vaya atrevimiento de ese señorito Elon Musk de pretender profanar con su planta, y algunos miles de millones de dólares, el suelo de la nación sin tu venia. Tuvo que venir ante ti y pedirte ese permiso que, con esa magnanimidad que te caracteriza, finalmente concediste.
Tan fácil que hubiera sido empezar por ahí. Como bien dices, Señor, el modito es importante. Pero el tal Musk se atrevió a tratar con quien gobierna una de las numerosas provincias de tu reino, como si esa persona tuviera la menor importancia. Hiciste bien en mandarle a uno de tus principales cortesanos para aclararle el protocolo de la Corte. Marcelo cumplió bien su encomienda. Lástima que sea tan ambicioso que hasta aspira a sucederte. Con el tiempo habrá que cortarle la cabeza (políticamente, claro). Quizá la princesa Claudia, la que realmente goza de tu favor y quieres imponer en tu trono, finalmente lo destierre a una embajada.
El tal Musk debe haber pensado que trataba con un gobernante más, de esos ansiosos por recibir inversión, crear empleos, aumentar salarios, reducir la pobreza entre sus gobernados. No tenía idea que en México todos gozan de una pensión o beca gracias a tu munificencia. Nada de aspiracionismos clasemedieros entre tus súbditos. Musk descubrió que su destino estaba en las manos de un estadista. Al menos tuvo el acierto de corregir su error. No una, dos veces, le concediste el honor de tomar sus llamadas.
Ya quedó claro a todos esos extranjeros que quieran venir a México que no es tan sencillo. Sus billetes les abrirán las puertas de muchos reinos, pero no del tuyo. Aquí no hay leyes que valgan, porque tu palabra es superior gracias a la fuerza moral que te dio el pueblo. Ya lo proclamaste desde tu infinita sabiduría: primero es la justicia, y que no te vengan con que la ley es la ley. Te bastó pronunciar desde tu trono mañanero el pretexto más pueril: no hay agua suficiente, y por lo tanto no se dará ningún permiso. Como si fuese una fábrica de cerveza y no de coches, da igual. Porque las industrias se colocan donde tú lo ordenas. Ahora los inversionistas extranjeros, como desde hace mucho tiempo los nacionales, saben que Lord AMLO no se doblega ante nadie.
Un éxito. El señorito Musk aceptó las condiciones que le impusiste y gracias a eso podrá poner su empresa en tierras neolonesas. Por ello todo lo bueno que pueda traer Tesla para el país, incluyendo por supuesto empleos y mejoras en los ingresos de muchas familias, realmente se deberá a Lord AMLO. Crédito y gratitud para quien realmente lo merece, no intermediarios, ambiciosos oportunistas o multimillonarios. Este 18 de marzo sería una ocasión espléndida para celebrarte como el gigante de la historia nacional que eres. Conmemorar a Lázaro Cárdenas por nacionalizar el petróleo y a ti, Lord AMLO, por permitir la construcción de coches que no necesitan petróleo. Los paralelismos históricos son extraordinarios, pero no casuales: la grandeza pertenece a muy pocos.
Si se cumplen tus designios, quizá la princesa Claudia inaugurará esa fábrica, pero gracias a ti se habrá colocado la primera piedra en tu provincia de Monterrey. Lord AMLO, gracias por traer Tesla a México.