Es que no se trata de Andrés Manuel, aclaró, sino del presidente de México. Uno de esos momentos en que el inquilino de Palacio, en lenguaje propio de la realeza, habla de sí mismo en tercera persona. Lo hizo porque se sintió, dijo, muy ofendido cuando el abogado de Genaro García Luna preguntó a un narcotraficante si había dado dinero directamente al tabasqueño, o a un tercero para su entrega al mismo durante 2006, para utilizarlo en su campaña. La respuesta fue negativa en ambos casos, pero el cuestionamiento fue suficiente para que AMLO dijera que está planteándose demandar al abogado por daño moral.
Porque no acepta que se ponga en duda su honestidad, que no podría gobernar sin autoridad moral. Agregó que el presidente de México no puede convertirse en rehén de gobiernos o personas, incluyendo abogados del extranjero. Una queja peculiar para quien había estado presentando lo que sucedía durante ese juicio en sus mañaneras, quejándose que los medios de comunicación no le prestaban suficiente espacio a lo que sucede en una corte neoyorkina. Pero al entusiasta cronista judicial no le gustó verse mencionado como posible personaje en el entramado. ¿Cómo se atreve alguien a insinuar que pudo tener ligas con cárteles de la droga? Ni que anduviera confraternizando abiertamente con ellos como Presidente.
Tan ofensivo como poner en duda su honestidad personal. Aparte de demandar al abogado, quizá debería hablar seriamente con sus hermanos Pío y Martín por andar solicitando efectivo en su nombre. También con su prima Felipa por estar haciendo contratos con Pemex, o con su cuñada, esposa de Ramiro, por estar involucrada en un desfalco en Macuspana cuando era regidora. También quejarse con su hijo por haber sido inquilino, en Houston, de otro contratista de Pemex.
Ya son dos décadas que su exsecretario particular fue grabado arreando con fajos de billetes y hasta con las ligas, cinco años en que su entonces y actual secretario particular, fue igualmente filmado haciendo carrusel en bancos para depositar, una y otra vez, efectivo. Uno pensaría que está desesperado ante el diluvio de cash que al parecer le gusta manejar a personas de su confianza.
Todo esto mientras vivió por años con solo 200 pesos en la cartera. De hecho, sigue en la estrechez económica, pues dijo que no tiene dinero para pagarle a un abogado que demande en su nombre. Que, de ser el caso, le ofrecerá que se quede con un porcentaje de la indemnización que recibirá, y que el resto lo repartirá entre familiares de las víctimas de la guerra que desató, por supuesto, Felipe Calderón. Porque al presidente de México no le gusta que lo embarren con acusaciones, pero le encanta embarrar a sus antecesores.
Igualmente ofendido debe estar de que funcionarios de su gobierno, algunos que nombró directamente, han traicionado su confianza dando contratos discrecionalmente a empresas sin experiencia alguna o con registros fantasma. Muy molesto con el gigantesco fraude en una entidad que creó para asegurar la soberanía alimentaria, Segalmex, o desencajado con los robos en el Instituto para Devolver al Pueblo lo Robado (parece burla), y que llevó a la renuncia de su titular.
Viendo lo afectado que estaba ante las preguntas de un abogado en un juicio que, hasta entonces, estaba celebrando, es de suponerse que López Obrador no puede dormir por las noches de la profunda angustia que le causa constatar que su gobierno es un saco lleno de pus. Pero lo disimula muy bien.