Decía el casi eterno líder sindical Fidel Velázquez sobre el PRI: “a balazos llegamos y a balazos tendrán que sacarnos”. La nueva generación en el poder, muchos de ellos priistas, en cambio llegó a billetazos y con billetes buscan mantenerse en el mismo. Pocas cosas representan mejor al Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) y su dueño, el presidente de la República, que el dinero en efectivo en sobres, bolsas, maletines o mochilas. En pocas semanas, a inicios de marzo, se cumplirán 20 años que el entonces diputado local, y exsecretario particular de Andrés Manuel López Obrador, fue mostrado arreando hasta con las ligas.
Casi perfecto como festejo del notable aniversario son los videos que muestran a la gobernadora de Campeche con diversos de sus funcionarios igualmente recibiendo pacas de dinero. A lo largo de los años, ríos de efectivo recaudado, desviado, robado y, por supuesto, lavado (basta recordar al hasta hoy estrecho colaborador de AMLO haciendo carrusel para hacer repetidos depósitos bancarios). Todo subordinado en nómina es una fuente potencial de dinero, como detalla Elena Chávez en El rey del cash o como pueden acreditar los empleados del municipio de Texcoco cuando lo encabezó Delfina Gómez, hoy aspirante a ser también gobernadora.
El camino al poder tapizado con billetes. Como admitió el propio López Obrador cuando reconoció que sus hermanos recaudaban efectivo en sobres: eran, justificó, para “el movimiento”. Esto, del que siempre presumió traer solo 200 pesos en la cartera y ahora dice que pedirá una pensión del ISSSTE para llevar la vejez en su ranchito con cierta dignidad. La escuela del tabasqueño es simple, y la siguen sin rubor todos sus allegados: niega la fiesta, aunque tus calzones rebosen de confeti. En el caso particular de AMLO, saca el pañuelito blanco y proclama absoluta honradez, propia y de su gobierno. Hace una semana dijo, orondo, que Delfina Gómez es incapaz de robarse un centavo. Layda Sansores, con igual desparpajo, no se cansaba de acusar de corruptos a sus rivales políticos.
Hay algo más que distingue al Cártel Morena: la burla sistemática de la ley. AMLO marcó con su habitual desvergüenza la pauta a seguir: “no me vengan con que la ley es la ley”. El fiscal general de la República mostró con creces lo que es usar el aparato de justicia para las venganzas personales. Las corcholatas del mandatario hacen campaña con total descaro, sobre todo la favorita, que no se cansa de tapizar de propaganda el país y hacer giras de proselitismo. Una senadora cree que puede ocupar un departamento sin pagar renta.
Al pillaje y cinismo se agrega un elemento nuevo: la soberbia y lo soez. Es la risita del inquilino de Palacio Nacional mientras lanza ofensas contra sus adversarios, las burlas del secretario de Gobernación, otra corcholata empoderada, o los insultos de la diputada María Clemente, entre tantos gobernadores y legisladores en lo que parece un concurso de prepotencia y grosería. Porque ser de Morena da licencia para pisotear y ofender. Si lo hacían desde la oposición, con mayor razón en el poder. Es la violación sistemática de la ley, el respeto y cualquier forma de civilidad política.
Un cártel de mafiosos que llegó al gobierno gracias a la democracia y que entiende perfectamente que los votos ponen o quitan. En eso ya está el capo de Palacio: buscando dinamitar ese andamiaje institucional para que su grupo siga medrando y además le proteja las espaldas.