Pobre Andrés Manuel López Obrador. Llegó para servir al pueblo, su corazón estalla de amor cada día por México, y no dejan de cuestionarlo. Nunca tuvo ambición de gobernar, y se irá humilde a sus tierritas apenas acabe la presidencia. Pero esos mafiosos que corrió del poder, conservadores, neoliberales y fifís, no dejan de combatirlo. Encabeza una transformación del país, y por supuesto los privilegiados de regímenes anteriores están furiosos.
El inquilino de Palacio Nacional es duro, pero no dejan de dolerle esos golpes tan bajos. Por extraordinario que sea, finalmente es humano. Por ello denuncia esas ofensivas en sus mañaneras, porque lo están provocando. La más reciente es el intento de asesinato contra Ciro Gómez Leyva. Los que dispararon contra su camioneta en realidad buscaban acabar con la vida del periodista para desestabilizar al gobierno. No era acallar una voz potente y crítica contra López Obrador, sino afectar al propio AMLO y su administración humanista.
Esos periodistas y grupos de la sociedad civil que de la misma forma lo atacan por ser un ratero, un corrupto rapaz y cínico que, por medio de sus personeros, sobre todo su parentela más cercana, se hincha de dinero. Pobre de AMLO, tan puro y honrado, que por años siempre trajo en la cartera solo 200 pesos aparte de sus amuletos. Lo tratan de enlodar por medio de sus hijos, hermanos, cuñada, prima, cuando su plumaje es blanco como la nieve, sin mancharse, aunque cruce pantanos.
Es obvio que aquellos que muestran contratos, casas o videos de sus hermanos recibiendo sobres reventando de efectivo son personas que responden a intereses oscuros, aparte de cobrar dinerales. ¿Cuánto ganan Jorge Ramos, Carlos Loret de Mola? Cuánta calumnia contra un hombre sencillo que hoy, con humildad, está ya gestionando su pensión del ISSSTE, para poder vivir con cierta dignidad cuando deje Palacio Nacional. Por eso AMLO se enfrenta a las cámaras y proclama, con esa mirada limpia, “nosotros no somos iguales” al tiempo que se pone a ondear su pañuelito blanco, ese símbolo de pureza.
Ataques también ejecutados por padres de familia, enojados porque sus niños han dejado de recibir los medicamentos necesarios para combatir el cáncer. Esos niños que mueren por falta de quimioterapias son, como Ciro Gómez Leyva, instrumentos que usan para atacarlo. En realidad, ya lo dijo el subsecretario de Salud, López Gatell, esos padres son golpistas. No entienden, o fingen no hacerlo, que se está atacando la corrupción en la venta y distribución de medicamentos. Por eso se otorgan contratos millonarios sin concurso a empresas sin experiencia alguna. Los muertos que esas acciones provocan no son su responsabilidad, por más que así lo digan los conservadores.
Como tampoco es su culpa que sigan acumulándose homicidios. AMLO cumple con su parte, que es tener reuniones diarias del Gabinete de Seguridad. Hace unas semanas hasta festejaron con un pastel el primer millar de esas juntas, que muestran que el Presidente madruga y trabaja duro para proteger a la población. Sin duda muchos de esos asesinatos buscan, precisamente, dañar a su gobierno, es realmente el objetivo de esos homicidas que pretenden mostrar el fracaso de su sabia y audaz estrategia de ofrecer abrazos y no balazos.
Lo ha dicho el tabasqueño una y otra vez: es el Presidente más atacado desde Francisco I. Madero, el apóstol de la democracia. Es el destino de los grandes hombres, y AMLO es el mártir de la República.