Un enfrentamiento que mostrará al México autoritario y podrido, una pelea en el lodo es la que tendrá lugar este lunes, 14 de marzo. El fiscal general de la República, quien debería velar por el cumplimiento y aplicación de las leyes, tratando de doblegar a la Suprema Corte de Justicia. El abogado de la nación haciendo lo imposible por mantener a quien fuera parte de su familia política en la cárcel.
Gertz Manero contando los votos que tiene ya amarrados entre los ministros para seguir con su vendetta personal. Usar a los que se suponen son los más doctos y expertos en el derecho para torcer las leyes. Si ordenó el arresto y logró ingresar a Alejandra Cuevas Morán en Santa Martha Acatitla a pesar de que ésta contaba con un amparo, la culminación natural de su poder será doblegar a los máximos juristas de la nación para que, contra toda la evidencia, la mantengan ahí. El paroxismo de la maldad y la arbitrariedad.
A menos que los ministros actúen de acuerdo con el imperativo de la rectitud. Que rechacen el chantaje de quien no titubea en usar el aparato de justicia para satisfacer sus venganzas. Que muestren no solo imparcialidad, sino dignidad. Que se horroricen ante el hombre soez y prepotente que quedó al descubierto en esos audios. Saber que cada voto para Gertz Manero es revolcarse públicamente en la infamia.
Hay quienes se preguntan por qué López Obrador sostiene al fiscal en su puesto. No comprenden que el Presidente encuentra un alma gemela en Gertz. Porque el titular de la FGR representa lo que el tabasqueño desea: una persona dispuesta a usar todo el poder a su disposición sin el freno de la decencia o los escrúpulos que ninguno de ellos conoce.
Las acciones del abogado empatan con la demagogia del inquilino de Palacio. Porque López es el más ferviente creyente de que la justicia está por encima de las leyes. Por supuesto, ‘su’ justicia. Gertz encarcela sin miramientos a Alejandra Cuevas, AMLO busca en todo momento el linchamiento popular para aquellos que detesta, en semanas recientes Carlos Loret de Mola. Sin miramientos, ambos buscan destruir las vidas de aquellos que los han enfrentado.
Los dos, además, profundamente corruptos. El Presidente no se escandaliza ante las constantes revelaciones de las transferencias millonarias, las numerosas propiedades en el extranjero, los cientos de coches lujosos. A primera vista, sorprende que López Obrador proclame que confía en alguien tan obscenamente ostentoso, cuando por su parte dice que basta tener un par de zapatos. Pero esto es porque AMLO es otro que ha perfeccionado el arte de ocultar la riqueza mal habida. No repudia la riqueza de Gertz, porque es la que también ha amasado en sus largos años en la política.
Un par, además, ansioso de sentirse intelectuales, brillantes, admirados por su conocimiento y cultura. Uno no se cansa de pontificar sobre la historia, de sacar libros con su nombre. El otro usó su poder para doblegar a esos evaluadores del Conacyt que lo habían rechazado una y otra vez, y ahora presume ser nivel III en el Sistema Nacional de Investigadores. López y Gertz no han dudado en usar la fuerza que les da su inmensa autoridad para creer que son los iguales de todos aquellos, verdaderos académicos, que antes envidiaron y resintieron.
El lunes será una oportunidad para que todos los miembros de la Corte demuestran que algo queda de ese México que alguna vez aspiró a ser un genuino país de leyes. El país en que Alejandra Cuevas sería libre.