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El México orwelliano de López

López Obrador es el presidente que hace lo opuesto a lo que prometió mientras anuncia que está cumpliendo, la mentira constante presentada como verdad.

El México de López es el Londres que George Orwell presentó en 1984. Es el Presidente que hace lo opuesto a lo que prometió mientras anuncia que está cumpliendo, la mentira constante presentada como verdad, una historia reescrita para que el pasado justifique el presente.

Honestidad es robar. Se barren las escaleras de arriba para abajo y se saca el pañuelito blanco. Mientras tanto los hijos hacen negocios, los hermanos acarrean sobres con efectivo, la cuñada saquea Macuspana y la prima recibe contratos de Pemex. Se condena la corrupción del pasado en tanto el Presidente encuentra herencias antes desconocidas y a sus funcionarios se les descubren más propiedades que al nopal.

Austeridad es derrochar. Se destruyen fideicomisos, cancelan programas y recortan sueldos para financiar los ‘elefantes blancos’. El tabasqueño está desesperado por fondos, esperando impuestos por la venta de Banamex, reclamando remanentes al Banco de México, exprimiendo empresas con el SAT, todo para hundir esos recursos en Pemex, las refinerías, el inútil aeropuerto y el desastroso Tren Maya.

Salud es enfermedad. Sin medicinas, sobre todo para niños con cáncer, con clínicas y hospitales colapsados, con los institutos de salud sin presupuesto. Así es el nuevo sistema de salud mexicano, como el de Dinamarca, con todo gratis, sobre todo lo que no hay.

Paz es guerra, militar es civil. La violencia se reduce abrazando a las mafias criminales, mientras que el Ejército se involucra en todo menos en combatirlas. El gobierno es el más civil de la historia porque entrega todo lo posible a los militares.

Riqueza es pobreza. Es bueno ser pobre, porque muestra honradez y dignidad. Nada de aspiracionismos clasemedieros que buscan tener más de un par de zapatos. El que es rico es porque antes explotó, abusó y robó. El pobre tiene riqueza espiritual.

Transparencia es opacidad. Es el gobierno más abierto de la historia, el que se pone bajo los reflectores cada mañana. También el que reserva información de contratos y accidentes por años, que ataca sistemáticamente al Instituto Nacional de Acceso a la Información y que asigna infinidad de contratos a discreción y sin concursos.

Democracia es autoritarismo. Llegó la democracia tras la oscura era neoliberal, el Presidente que por fin permite la libertad de expresión sin obstáculos, y de la que ahora se abusa para atacarlo como a nadie desde Francisco I. Madero. El que jura que no se reelegirá, aunque no pueda, y reclama que se le ratifique aunque no hace falta. El demócrata que subordina al Congreso y destruye instituciones. El INE debería desaparecer porque es muy caro.

Educación es ignorancia. La educación básica entregada a la CNTE al tiempo que se construyen 100 universidades que serán fábricas de títulos. Las instituciones de excelencia académica públicas y privadas, CIDE, UNAM, ITAM, ITESM, atacadas por neoliberales. Los que estudian en el extranjero regresan habiendo aprendido a robar.

Gobernar es improvisar. Porque gobernar no es ninguna ciencia. Con el apoyo del pueblo, austeridad republicana y no robar, y cualquier programa que se ejecute sobre las rodillas será mejor que todo lo hecho por esos tecnócratas. Ahí están Pemex, Dos Bocas, Santa Lucía, Sembrando Vida, “abrazos, no balazos” y Jóvenes Construyendo el Futuro como ejemplos. Nunca dijo que iba a bajar el precio de la gasolina, solo que no iba a subirla en términos reales.

Si tienen datos que digan lo contrario, López tiene otros datos.

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