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El juego del bienestar

Un hombre que parecía confiable invitó a millones de pobres a jugar ‘vota en la elección’ y todos se encaminaron a la casilla electoral sin saber lo que les esperaba.

Eran millones de pobres y desesperados, atrapados y sin perspectivas de salir de su deprimente situación. Uno a uno, se les acercó un hombre que se veía confiable, hablaba su lenguaje, el del pueblo, y se ganaba su confianza. En el Metro, en la plaza, en una calle, los interceptaba e invitaba a jugar ‘vota en la elección’. Prometía lo que tantos habían perdido, vendiéndose como el ‘rayito de esperanza’.

Todos se encaminaron a la casilla electoral y entregaron su consentimiento para el juego, cruzando la boleta electoral como se les dijo. Y en ese momento perdieron el conocimiento.

Cuando despertaron se encontraron con muchos otros a los que solo distinguía el número de su voto, desde el primero hasta 30 millones. El hombre estaba entre ellos, pero con un título y número especial: el Presidente (001). Fue entonces cuando supieron que realmente habían aceptado participar en el ‘juego del bienestar’ en una serie de etapas. Que habría riqueza para los ganadores, pero que serían pocos, con muchos quedándose en el camino.

El primer juego fue ‘abrazos o balazos’. Se confundió a los jugadores en tratar de distinguir a buenos y malos mezclando los roles que tradicionalmente tenían. Se les anunció que deben abrazar a los correctos o recibirían balazos si se equivocaban. Muchos cayeron abatidos por no estrujar a los criminales que ahora eran los buenos para 001, que daba el ejemplo con fraternos apretones.

La segunda etapa fue ‘salud como en Dinamarca’. La eliminación de jugadores fue más simple: 001 había ofrecido consultas, medicinas y tratamientos gratuitos a todos los jugadores. En lugar de eso recortó el dinero disponible para absolutamente todo, alegando que algunos se lo estaban robando. Enfermos de cáncer (niños y adultos) de repente se encontraron sin tratamientos y quimioterapias, sin pruebas de mama o cervicouterino, metidos en un cuarto enorme y vacío llamado ‘Insabi’. Para agregar sadismo, 001 ofrecía cada cierto tiempo que ya llegaría lo prometido, acusando a los sobrevivientes que reclamaban de ser unos golpistas y querer adueñarse del juego.

Para los sobrevivientes, la tercera etapa fue igual de cruel: ‘pañuelo blanco’. Sin aviso previo, 001 sacaba uno de su bolsillo y, sonriendo, proclamaba que era el momento de repartir dinero entre los que quedaban. Los jugadores se fueron dando cuenta que esos recursos solo llegaba a aquellos que, en secreto, seleccionaba 001, incluyendo sus hermanos, hijos, prima y cuñada, aparte de otros que se habían ganado su favoritismo como colaboradores. Los demás seguían endeudados y en pobreza. En cada ocasión 001 les decía, con seriedad y aplomo, que los comprendía, porque eran tan honrado y pobre como ellos.

‘Polariza, todos contra todos’ fue la siguiente etapa, con 001 azuzando a los jugadores a matarse entre ellos, distinguiendo entre ‘pueblo bueno y malo’, ‘clases medias’, ‘aspiracionistas’, ‘conservadores’ y ‘fifís’, armando bandos rivales. Su golpe maestro fue pretender dar a todos una oportunidad para quitarle el número principal, con la farsa de una ‘revocación de mandato’.

Y mientras todo el juego transcurría, 001 dedicaba el abundante dinero prometido para los premios (y que no se quedaban sus parientes y amigos) a proyectos que nada tenían que ver con los sobrevivientes, destacadamente una petrolera, un tren y un aeropuerto, todos tiraderos de recursos. Porque el secreto final del juego es que se trataba realmente de satisfacer el bienestar y enloquecido ego de 001.

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