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El Herodes de Palacio

Lo más sonado es la falta de medicamentos oncológicos que dura lo que va del sexenio.

Los niños con cáncer quieren vivir. Quimioterapias ya.

Un 28 de diciembre cada día del sexenio: la matanza continua de inocentes con el pretexto del combate a la corrupción y de ahorrar dinero para las obras faraónicas que obsesionan a Andrés Manuel López Obrador. Niños serán las víctimas más visibles de las políticas públicas del obradorismo y la representación de su crueldad más extrema, la expresión más pura de la sociopatía del inquilino de Palacio y sus esbirros.

Lo más sonado es la falta de medicamentos oncológicos que dura lo que va del sexenio. Son las mentiras constantes del tabasqueño al respecto, la permanente promesa de que el problema se arreglará, mientras enfermos y muertos se acumulan. Ese tiempo que AMLO trata relajadamente y que va cobrando vidas cada día.

Que los padres no se atrevan a reclamar para tratar de salvar a sus hijos, que ahí está Hugo López Gatell, siempre preparado para hacer que Hipócrates se revuelque en su tumba. Los dos momentos estelares del Subsecretario al respecto, han sido el acusar a esos padres de golpistas contra el gobierno y de argumentar, con ese tono pedante que le caracteriza, que una vacuna lograda por la vía judicial para un niño, es una vacuna menos para un adulto (pero al parecer está muy relajado de las donaciones del gobierno mexicano a otros países, y que se cifran en millones de dosis).

No son solo los medicamentos oncológicos, ni las vacunas Covid que no se quieren administrar, sino toda clase de vacunas. Por suerte ya llega el dinero. La buena: los recursos del Seguro Popular disponibles (66.5 mil millones de pesos) se usarán para adquirir vacunas para prevenir la difteria, tétanos, poliomielitis, sarampión o rubeola. La mala es que ese gasto y compras se harán hasta los primeros meses de 2022. Mientras tanto, ojalá que no se enfermen.

La matanza o mínimo un grave daño a niños es, por ello, una guerra en muchos frentes, aunque el más destacado sea el cáncer. Porque desde el principio del sexenio AMLO canceló el tamiz neonatal (para variar, acusando de corrupción al proveedor). Igual quitó a las madres de tantos de ellos la posibilidad de trabajar al cancelar las estancias infantiles (que los cuiden los abuelos, fue la histórica sugerencia del entonces Secretario de Hacienda). Así se logró ahorrar más dinero para buscar petróleo o construir el remedo de aeropuerto.

El poderoso Presidente de la República al menos está siendo enfrentado, en una batalla desigual, por individuos o grupos de la sociedad civil que buscan salvar esas vidas que al tabasqueño le son indiferentes. Es el caso destacado de Viviana Hinojosa y Max Káiser, artista y activista contra la corrupción, respectivamente, que han pasado a luchar por conseguir medicamentos oncológicos, causa a la que se han sumado Isabel Turrent, Julio Patán, Alejandro Rosas y Monero Rictus, entre otros (compras en la cuenta de Twitter @vivianolala). Una pelea en la que también está al frente Nariz Roja, A.C. (donaciones a la cuenta BBVA con CLABE: 012320001100980784).

Quien llegó a Palacio Nacional explotando muertes (destacadamente de los estudiantes de Ayotzinapa) se transformó apenas logró el poder en el verdugo indiferente de cientos de miles, fuese por enfermedad, crimen o desastres naturales. Ha sido cuestión de dinero y poder, de acusar vagamente sin investigar a nadie mientras culpa a otros del desastre. Un Herodes que duerme tranquilo en su Palacio mientras se apilan los cadáveres, entre muchos otros, de niños inocentes.

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