“A la mitad del camino, seguimos haciendo historia. La feroz contracción económica de 2020, la más grave en casi 80 años, se agrega a la recesión de 2019 y de los primeros meses de este año. Nunca una administración en el México moderno había logrado ocho trimestres de retroceso del PIB, y esto con nueve trimestres gobernando. La crisis que más se acerca fue la provocada por otro destacado antineoliberal: José López Portillo.
“Gracias a ello, logramos un crecimiento extraordinario en el número de personas que ingresaron a las filas de la pobreza: 3.8 millones que se añaden a los que recibimos en 2018. No puede darse todo el crédito a la pandemia porque rechazamos enfáticamente salvar empleos con una fuerte inyección de gasto público.
“Para demostrar que muchos de esos nuevos pobres corresponden a la cuarta transformación, destaco que casi 16 millones de personas perdieron acceso a los servicios de salud durante 2020. Esto no habría sido posible sin la destrucción del Seguro Popular y su sustitución por algo mucho más limitado e ineficiente: el Insabi. Parafraseando a Winston Churchill, ‘nunca tantos con tan poco habían perdido tanto en tan poco tiempo’. Lo que construyeron los neoliberales Fox, Calderón y Peña en tres sexenios, nosotros lo destruimos en semanas, justo a tiempo para la llegada de la pandemia a México. Esto no fue a propósito, pero en ocasiones, los acontecimientos llegan como anillo al dedo.
“Por la pandemia y el bajo porcentaje de la población con esquema de vacunación completo, aunque seguimos presumiendo que compramos muchas vacunas, este agosto batimos récord de contagios. Hay que arriesgarse en la vida, y por eso, además, ya abrimos las escuelas.
“También ayudó que destruimos la distribución de medicamentos en el país. La cara más visible de este logro son los niños con cáncer que siguen esperando sus quimioterapias (aquellos que todavía están vivos, claro). Pero no son los únicos: son muchos los mexicanos a los que hemos dejado sin medicinas ni tratamientos de todo tipo.
“Mucho de ese dinero tan penosamente ahorrado a costa de lágrimas, sudor, enfermedad y muerte lo hemos utilizado para buscar petróleo, hasta el momento fracasando espectacularmente en el objetivo establecido de aumentar notablemente la producción de crudo.
“Lo que sí hemos incrementado son los pasivos de Petróleos Mexicanos, que rondan los tres billones de pesos. Proclamo con orgullo que Pemex nunca será privatizada; ningún empresario en su sano juicio la querría ni regalada. Como otra muestra de cómo tirar el dinero que les sacamos a los fideicomisos, medicinas y otros gastos neoliberales, les presumo que la refinería de Dos Bocas se espera que cueste 12 mil 400 millones de dólares, aunque probablemente será mucho más. Esto para refinar 340 mil barriles de crudo diarios, curiosamente la misma cifra que Deer Park, y comprar la mitad de esa refinería en Houston nos costó 596 millones de dólares. Efectivamente, estamos tirando el dinero como locos en Dos Bocas, como también lo hicimos cancelando un aeropuerto ya muy avanzado para construir otro en un lugar inservible para el espacio aéreo.
“Finalmente deben destacarse el nivel histórico de las remesas, que en parte se explican porque México de nuevo está expulsando a sus ciudadanos hacia Estados Unidos. Es la mejor política social posible: ellos trabajan, los empleos los proporcionan los empresarios americanos, y nosotros reclamamos el crédito.
“Tengan para que aprendan, neoliberales”.