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Los misterios de Herrera y Ramírez de la O

Rogelio Ramírez de la O será titular de la Secretaría de Hacienda sin nunca haber trabajado en la dependencia.

Andrés Manuel López Obrador dijo sobre sus funcionarios que buscaba 90% de honestidad y 10% de experiencia. Ha cumplido, de nuevo, con esa máxima. Rogelio Ramírez de la O será titular de la Secretaría de Hacienda sin nunca haber trabajado en la dependencia (al parecer nunca lo ha hecho en el Gobierno Federal). Arturo Herrera será el segundo Gobernador del Banco de México en 70 años sin haber sido funcionario del mismo (el primero fue Carlos Tello, quien duró tres meses de triste memoria en el cargo). Experiencia económico-financiera tienen, evidentemente, aunque directa es de 0%.

Es el sello de quien se cree experto en todo y que gobernar no es ninguna ciencia. Los dos lo conocen bien en ese aspecto, y saben que no podrán imponerle su conocimiento de economía y políticas públicas al Presidente. Herrera estará mucho más resguardado tras la autonomía del Banxico, aunque deberá superar la reputación de fiel subordinado presidencial. Quizá el tabasqueño se asombrará cuando descubra que no puede imponer sus órdenes al Gobernador, y menos correrlo. Herrera tendrá que encontrar un delicado equilibrio, con la ventaja de haber tratado a AMLO por años.

Esa práctica también la tiene Ramírez de la O, pues ha sido asesor de Obrador por casi dos décadas. Pero algunos que han trabajado cercanamente con el inquilino de Palacio descubrieron demasiado tarde que su rol era, más bien, de subordinación. Basta para constatarlo tener una conversación con Carlos Urzúa, quien renunció a la SHCP tras apenas siete meses en el cargo.

Herrera puede ser un banquero central autónomo, Ramírez de la O nunca podrá aspirar a tener la independencia de un Antonio Ortiz Mena, Pedro Aspe, Francisco Gil Díaz o Agustín Carstens. Será, más bien, un José López Portillo con Luis Echeverría… o un Arturo Herrera, a menos que siga la misma ruta que Urzúa (o de Hugo B. Margáin, el primer titular de SHCP con Echeverría, quien optó por una embajada como salida decorosa).

El flamante Secretario de Hacienda, tiene, y así lo reconoció, instrucciones similares a las que tuvo Herrera: mantener un déficit reducido en materia de finanzas públicas, y lo que tan erróneamente denomina López Obrador como “austeridad” (esto es, un recorte muchas veces indiscriminado e irracional del gasto público, incluyendo rubros esenciales).

De lo poco agregado por Ramírez de la O al aceptar la Secretaría lo posiblemente explosivo reside en el “sano financiamiento y actualización de cuentas en el sector energético”. Si tiene la ilusión de cerrar, aunque sea en parte, ese agujero negro que se llama Pemex, junto con proyectos tan fuera de toda racionalidad financiera como Dos Bocas (con un costo equivalente hasta el momento a 10 refinerías de Deer Park), se llevará un chasco muy pronto. Para López Obrador buscar aumentar la producción de crudo y su refinación es algo que debe hacerse, y se ha hecho, cueste lo que cueste (literalmente). El austero AMLO es como un marinero borracho y derrochador cuando se trata del chapopote.

Son los misterios de Herrera y Ramírez de la O ante el mesías económico. Por una parte, si será posible defender como corresponde la autonomía del Banco de México sin llegar abiertamente a un choque con el Presidente. La otra, si Ramírez de la O realmente entiende que no será un Secretario de Hacienda con el margen de iniciativa y maniobra que tuvieron tantos de sus predecesores, y el precio que tendrá que pagar por ostentar el cargo.

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