¿Dónde quedaron los partidos?
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¿Dónde quedaron los partidos?

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¿Dónde quedaron los partidos?

06/01/2020
Actualización 06/01/2020 - 12:29

Aprendimos desde las definiciones más básicas que la democracia tiene de manera consustancial la existencia de una pluralidad de opiniones sobre 'la cosa pública' que, al ir organizándose y sistematizando esas visiones más homogéneas en una plataforma tanto programática como ideológica, concluía de manera casi necesaria en la formación de los partidos políticos, rebasando la visión solo de un pequeño grupo que habían sido las facciones y que cargaban una connotación negativa al querer imponer una visión a rajatabla solo de lo que ese pequeño grupo social pensaba. Aun así la conformación institucional de los partidos no representaba la visión de toda la sociedad sino solo de una parte de ella, pero que conforme a unas reglas aceptadas por todos y con base en la premisa de respetar la ley, se podía aspirar a la conquista del poder a través de las elecciones enarbolando programas que si bien es cierto con cierta visión se podía aspirar a representar a la mayoría.

En el caso de nuestro país, en los últimos años pensábamos que apenas habíamos conformado un sistema de partidos como parte de nuestro avance democrático, y que habíamos dejado atrás el sistema de partido prácticamente único o de partido hegemónico y más adelante de partido mayoritario, todo ello con el PRI, hasta 1997 que este perdió por primera vez la mayoría en la Cámara de Diputados y después en el 2000 al perder la Presidencia de la República, se pensaba que íbamos por el camino correcto de conformar una democracia sólida y la discusión era cómo consolidarla y cómo construir una democracia de calidad.

La llegada del PAN en la primer alternancia y de que quien ganó la Presidencia de la República no tenía un proyecto político alternativo a lo que había sido el sistema político y ni la más mínima intención de modificarlo, abrió en la sociedad las grietas de la decepción y en la clase política la oportunidad de mantenerse con un camuflaje gracias al llamado 'gobierno dividido' que como sabemos desde 1997 el Presidente y su partido hasta 2018 no tenían mayoría en el Congreso. Así en este último tramo fuimos siendo testigos de la edificación de una partidocracia que buscó únicamente sus beneficios e intereses y se fue alejando no solo de sus bases de militantes y simpatizantes, sino de los intereses de la sociedad que se adjudicaba representar. El resultado no fue como en las otras alternancias una decepción, sino el hartazgo en contra de una élite que incluía a los dirigentes de los partidos enlodados con la corrupción y la impunidad además en un contexto de inseguridad y violencia, pobreza y desigualdad así como un crecimiento mediocre de la economía, todo ello abrió la puerta al discurso contra el statu quo y la élite del poder lo que en gran parte explica el triunfo de López Obrador y su movimiento Morena, que al acceder al poder no por una estructura organizacional, programática e ideológica sino como el instrumento electoral de un liderazgo unipersonal, ha desnudado su verdadera estructura corporal para quedar como lo que realmente es: un mazacote de intereses y esos sí como en el origen de los partidos políticos, una verdadera lucha de facciones, o como las llamaban en el PRD 'tribus' que hacen que Morena no exista más que como membrete y su representación en el Congreso un grupo legislativo al servicio del Presidente.

Pero la oposición partidista no existe tampoco, el PRI, PAN, PRD y demás 'chiquillada' de partidos políticos, no son más que cascarones vacíos, que no solo no representan lo que dicen legalmente representar ante el INE y mucho menos los intereses de la sociedad por ello al no existir un sistema de partidos y el momento populista que estamos viviendo con un gobierno de un solo hombre, es claro que es un signo más del declive de nuestra democracia. Si cabe de consuelo, no somos los únicos en el mundo en este tema, lo cual habla de la urgente necesidad de analizar las salidas para salvar a la democracia en estos oscuros momentos que vive y que necesariamente debe de incluir como debe ser la nueva representación partidaria o de los nuevos movimientos políticos para acceder y conservar el poder.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.