Dice Maquiavelo en El Príncipe que los estados hereditarios son mucho más fáciles de conservar, “porque basta con respetar las disposiciones de sus antepasados y amoldarse a las circunstancias para conservar su estado”; sin embargo, en el caso de México, o la presidenta nunca ha leído a Maquiavelo o definitivamente la herencia de la presidencia no estaba consolidada, y se le ve lo abrumada con los encargos de su tutor político como los de la reforma electoral al punto de decir: “yo ya cumplí mandando la iniciativa”; y cada día es más evidente en cada tramo del sexenio las grandes dificultades que enfrenta para sostenerse en el poder.
El bloque político que Lopez Obrador logró conformar en un movimiento y formalizar en un partido político, en una expresión a la mexicana podríamos decir que es como un bote de tamales, donde lo mismo hay de mole que de dulce y de otros ingredientes; lo hemos dicho muchas veces en este espacio, Morena no tiene un pegamento ideológico, ni programático, se conformó en un momento en que el desgaste de los partidos políticos tradicionales con su corrupción, impunidad y crisis de representación y un contexto internacional que favoreció al populismo desde la llegada de Trump a la Casa Blanca en 2016, amén de la construcción de una narrativa y de pactos desde el poder en ese momento, lo que posibilitó el triunfo de López Obrador, pero que en los seis años Morena no logró, ni lo quería sin duda su fundador, institucionalizarse, para que solamente fuera su único y personalísimo liderazgo el que mandara, y la necesidad de tener mayoría calificada en el Congreso lo llevó a conformar una coalición con dos rémoras como son el partido verde y del trabajo, que con la complicidad de las autoridades electorales le dieron una sobrerrepresentación y aún así en el Senado no pudo lograr la mayoría calificada, hasta la presente legislatura y después de cooptar un senador de las filas del PAN y una “desaparición” de otro de MC. En resumen, Morena y sus aliados en el periodo del obradorato nunca han logrado por la vía de los votos una mayoría electoral, más que a través de triquiñuelas y con la corrupta acción del tribunal electoral.
Pero López Obrador mantuvo bajo control férreo tanto a los legisladores de Morena como los de sus aliados, y cada iniciativa que envió la acompañaba de una consigna: “no le cambien ni una coma”. Ahora en la continuidad del régimen, la heredera no solo no ha construido “un segundo piso” de lo que ellos en su narrativa venden como su “proyecto político”, sino que los diques que el dueño de Morena impuso en las dirigencias del Congreso (Cámara de Diputados y de Senadores), más los otros herederos en el gabinete, desde el inicio han mantenido acotada en su responsabilidad presidencial a Sheinbaum y sin controlar su partido y a los aliados, la herencia que logró obtener con suerte no se ha visto acompañada de la virtud de la que hablaba Maquiavelo.
La última derrota política de la presidenta en el Congreso, evidenció no solo la ausencia de control en el bloque en el poder, sino además fue muy notorio el silencio durante ese proceso de los dirigentes formales de su propio partido. Pero lo que sí se pudo comprobar una vez más fue su talante autoritario, sectario y anti democrático tanto de ella como del estalinista que encabezó su pomposa “comisión presidencial para la reforma electoral”, ambos fracasaron. Porque las migajas que lograron, amén de ser centralistas y contrarias a la letra y espíritu constitucional del federalismo y del municipio expresados en el 115 y 116 constitucional, nada tienen que ver con reformas electorales.
Lo más sonoro de la derrota política de la presidenta fue su NO inclusión en la boleta electoral para el tema de revocación de mandato, ya que lo que se buscaba era hacer abiertamente campaña por su partido, pero igualmente lo es su falta de operación política y su falta de talento, así como el escaso o nulo liderazgo de la coalición gobernante. De la oposición partidaria hay que decir que una vez más muestran por qué perdieron el poder, su insignificancia política y la ausencia de brújula los sigue retratando y siguen desaprovechado las crisis de liderazgo en el bloque en el poder.
El bloque en el poder no es homogéneo, porque además dentro de cada partido hay fisuras e intereses diversos y esta coyuntura política también lo mostró. La cercanía de la definición de candidaturas, el contexto del “factor Trump”, así como las guerras actuales en las organizaciones criminales y que más de una vez se ha demostrado su cercanía con muchos de los actores de Morena, así como los notables casos de corrupción y la impunidad absoluta con ellos mantienen en los medios de comunicación y las redes sociales de manera permanente la crítica y el rechazo de cara a las elecciones que vienen y eso no es poca cosa. Las herencias también se dilapidan y nada es para siempre sino hay el talento para conservarlas o incluso acrecentarlas, y no olvidemos lo que dijo Francois-René de Chateaubriand , quien fuera ministro de exteriores de Francia en el primer cuarto del siglo XIX, “ la ambición para la que no se tiene talento es un crimen”.