Samuel Aguilar Solis

El mundo de mañana

Estamos asistiendo a la muerte de la democracia, pero también a un cambio de dimensiones globales donde el poder militar es lo único que está importando y donde los organismos internacionales como la ONU o el derecho internacional son meros cascarones vacíos.

Asistimos a un cambio complejo del mundo que surgió ya no solo del proceso de posguerra, sino de manera particular de aquel que nació después de la caída del muro de Berlín. Los eventos que lo identifican se han venido dando de manera acelerada en el último año con la segunda presidencia de Trump, pero me parece que se comenzó a configurar desde el triunfo de su primer presidencia y sin duda con otro acto que no hay que olvidar, que fue la salida del Reino Unido de la Unión Europea, del Brexit, y entonces no se fue capaz de ver de manera global el problema y ahora ya es demasiado tarde.

Se decía que el siglo XXI había iniciado antes, con el enorme hecho histórico que significaba el derrumbe del socialismo real de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, la URSS, y el triunfo inobjetable del capitalismo y la democracia liberal; sin embargo, lo que estamos viviendo en los tiempos actuales, nos hace reflexionar sobre el brevísimo tiempo que esta etapa histórica logró ser como idea hegemónica.

Sin duda que los avances en el terreno de la prosperidad, el desarrollo tecnológico, la legislación en materia del respeto de los derechos humanos, la preocupación por el medio ambiente, la consolidación del Estado de Derecho, y de manera fundamental la democracia liberal son saldos inobjetables de este corto periodo en el mundo, pero también se mantuvieron sin solución los retos de la pobreza y la desigualdad, el “capitalismo de amigos” que tiene a la corrupción como el gran lubricante de los hombres del poder, y la impunidad que le ha acompañado.

Pero el arribo del populismo con su narrativa y usando justo las fallas de las que señalamos el final del párrafo anterior, dieron la posibilidad de que usando justo las reglas de la democracia, políticos populistas pudieran acceder al poder para desde dentro del sistema político, destruir al Estado Constitucional de Derecho y a la democracia, paradójicamente hablando de que estaban transformando toda la arquitectura democrática y constitucional para hacer una mejor democracia.

Pero lo que están trayendo estos líderes políticos es que se afianzaron en el poder para vaciar las instituciones internacionales, violan el derecho internacional de posguerra, usan el poder militar para buscar expandir sus fronteras cuales “señores de la guerra”, y sus alumnos latinoamericanos hicieron alianzas criminales, con cárteles de la droga, han hecho de la corrupción el instrumento de su ejercicio de poder hasta hacer una metástasis en todo el Estado, y mientras el sistema de partidos tradicional se evapora en una crisis que no parece tener fin, ellos afianzan su poder unipersonal sobre sus movimientos políticos que conformaron para acceder al poder, para convertirlos en verdaderos autócratas.

Estamos asistiendo a la muerte de la democracia, pero también a un cambio de dimensiones globales donde el poder militar es lo único que está importando y donde los organismos internacionales como la ONU o el derecho internacional son meros cascarones vacíos. La reconfiguración de la geopolítica la están haciendo justo estos autócratas desde Washington hasta Pekín y pasando por Moscú.

Así es que no es posible esperar restauraciones de la democracia con sus acciones que vienen ejecutando, como lo que acaba de pasar en Venezuela al llevarse al dictador de Maduro, sino la traza de las fronteras de sus intereses y reconfigurando un nuevo orden global, por lo que los próximos tiempos no solo son de incertidumbre, sino de conflictos y de polarización.

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