Samuel Aguilar Solis

El desastre económico

El desastre por parte del actual gobierno ya está hecho y es muy difícil imaginar que habrá un cambio en virtud de la ausencia de una verdadera política económica.

Los ministros de economía del mundo están citados esta semana en Washington para la asamblea anual del Fondo Monetario Internacional (FMI) y su directora ha dicho que “La economía mundial es como un barco en aguas agitadas”, ha señalado también que las previsiones económicas nuevamente se ajustan a la baja a 3.2 por ciento el PIB global y a 2.9 por ciento para el próximo año. México, según el Banco Mundial (BM), este año apenas crecerá 1.8 por ciento y en 2023 pronostica un crecimiento económico de 1.5 por ciento de su PIB, es decir, en ambos casos muy por abajo del promedio mundial.

Vivimos tiempos muy difíciles en materia económica a nivel global y son varios los factores que nos han traído a la situación actual en la que estamos, a saber:

a ) la guerra comercial -que se inició con la llegada de Trump, el populista de derecha al gobierno de los Estados Unidos- frente a China trajo una desaceleración de la economía global que no trajo ganadores de dicha guerra pero sí que todos perdiéramos;

b) la pandemia de Covid, que inició en China a fines del 2019 y que hasta la fecha, aunque con una baja intensidad gracias a las vacunas y a los cuidados que muchas autoridades en el mundo, pero sobre todo a que la población hemos aprendido lo fundamental para cuidarnos más allá de lo terrible que han sido los millones de personas fallecidas y del dolor, que sin duda, eso ha causado en la sociedad y sus familiares, en primerísimo lugar, la economía tuvo un rebote en 2021 pero no ha logrado despegar o siquiera situarse al nivel en que se encontraba previo a la pandemia;

c) la guerra en Europa del este por la invasión de Rusia a Ucrania ha venido a impactar de manera directa en el precio de los combustibles, los alimentos y los fertilizantes, de entrada, y luego al resto de la economía, generando un incremento en la inflación y como parte de la política monetaria para contrarrestar esto de parte de los bancos centrales el aumento en las tasas de interés, que con ese cóctel amenaza una recesión en un futuro cercano.

En el caso de nuestro país, como parte de la economía global, nos ha impactado definitivamente, pero aún más por la debilidad que nuestra economía tenía previo a estos factores externos, y hay que decirlo claramente, a la ausencia de una política económica en este gobierno de ocurrencias del presidente, pero además, aderezado por una ruptura en el Estado de derecho en nuestro país por la violencia e inseguridad desatadas, que sin duda, no alienta los negocios, sino al contrario, y además, a las diatribas y modificaciones unilaterales de normas por parte de López Obrador y establecidas en el TMEC que hoy nos tienen en pláticas por las inconformidades presentadas por nuestros socios, Estados Unidos y Canadá, y a punto de ir hasta los paneles de controversias, y en medio de todo esto para cerrar con broche de oro la renuncia de la secretaria de Economía, sin que se sepan los motivos, y también hay que decirlo, una secretaria que pasó sin pena ni gloria.

Los números hablan del desastre, no solo por el contexto internacional, sino sobre todo por la ausencia de una política económica del actual gobierno, ya que desde antes del entorno global aquí ya estábamos en picada, veamos: en 2019, el PIB fue de 0.1 por ciento; en 2020, la debacle, -8.5 por ciento, la caída más baja de la historia; el rebote en 2021 alcanzó un 5 por ciento, pero ahora nuestra realidad, según el Banco Mundial, será solo de 1.8 por ciento, con una inflación que ahora está en casi 9 por ciento y unas tasas de interés que lo más seguro es que BANXICO tasará en mínimo, 10 por ciento. Estos no son solo números en abstracto, son sin duda una de las caras del fracaso económico de este gobierno que se traduce en mayor pobreza y desigualdad social. Uno más de sus fracasos.

De las conclusiones y recomendaciones que el FMI haga esta semana, México debe estar atento, en virtud de que al ser parte de la economía global, de una u otra manera nos impactarán las medidas recomendadas; el desastre por parte del actual gobierno ya está hecho y muy difícil imaginar que habrá un cambio en virtud de la ausencia de una verdadera política económica, así es que el sector privado deberá navegar en las actuales aguas turbulentas, sabedores de que quien conduce el barco de la nación no tiene carta de navegación y sus ocurrencias le cuestan cada día más al país y a la gente más pobre.

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