Samuel Aguilar Solis

¡Ya basta!

¿Cómo es que México ha podido llegar a una situación donde la misma existencia del Estado es cuestionada?

En el proceso de descomposición de las instituciones y organismos de seguridad en el país tiene sin duda una gran responsabilidad el incremento de las actividades delictivas ligadas a los cárteles y a que estos desde hace ya 15 años cuando menos que han ampliado sus actividades delictivas más allá del tráfico de estupefacientes y el impacto en la sociedad de sus actos delictivos es cada día más directa como el tema de los secuestros, el cobro del llamado ‘derecho de piso’, la intervención en los cabildos y congresos locales para la dirección de los recursos públicos en el presupuesto y luego en las áreas estratégicas del gasto público en empresas de ellos, la monopolización de venta de ciertos productos en el mercado, los ‘giros negros’ y muchos más etcéteras y, por supuesto, la corrupción o la amenaza sobre los integrantes de las autoridades en los tres niveles de gobierno, pero también la incapacidad del Estado de no prever el cambio de modelo de operación delincuencial que se venía operando en los carteles y por supuesto también una ineficiencia gubernamental que ha puesto a la sociedad prácticamente indefensa en las manos de la delincuencia. No es una exageración, es la cruda realidad que se manifiesta en amplias regiones de México.

No solo es que el Estado ha abdicado de sus atribuciones como el cobro de impuestos o del monopolio de la fuerza sino que en muchos, muchísimos casos es una colusión con la delincuencia tan descarada que obvio ningún ciudadano en su sano juicio se atrevería a presentar denuncias por actos en su contra, sabedor de que será la propia autoridad la que les dará el ‘pitazo’ a los delincuentes sobre quién ha sido el ciudadano que ha puesto la denuncia.

Hoy se sabe que ni las iglesias se salvan de la extorsión. Ante estos hechos de ausencia de Estado de derecho es imposible que los empresarios nacionales o extranjeros tengan la atracción de invertir si habrán de pagar ‘derecho de piso’ o de estar en riesgo de ser secuestrados o de quedar en medio de balaceras por la violencia incontrolable o simplemente de convivir socialmente por el temor de la inseguridad.

Entonces, la violencia e inseguridad afecta a la persona y deja secuelas que es el otro tema de la salud mental que esto ocasiona en la persona pero, no hay una política pública que se esté ejecutando por esto hasta donde se sabe y, por ello, también este tema tiene la necesidad de más recursos al sector salud.

Desde siempre se ha planteado por filósofos y algunos pensadores la ‘ciudad ideal’ y no pocos han trabajado por ello, pero más allá incluso de alguna cuestión moral, hoy Mexico está en una situación verdaderamente alarmante por la violencia y no debemos nunca de acostumbrarnos a ello, tenemos que denunciar y exigir a los gobernantes desde lo local hasta el Ejecutivo federal porque mientras la sociedad sufre las consecuencias de la ineptitud y la corrupción, la vacilada de ‘abrazos, no balazos’ de López Obrador irrita más de cara a la violencia y la sangre derramada día a día en el territorio nacional.

Muchos son ya los años que nuestro país ha estado sumido en una ola de violencia e inseguridad, que no solo pone en riesgo la integridad física de las personas, sino la simple convivencia social e incluso la vida misma en muchas de las regiones de México. ¿Cómo es que México ha podido llegar a una situación donde la misma existencia del Estado es cuestionada, hasta llegar a decirse si no es que ya nuestro país es un Estado fallido?

Se saben día a día y la destrucción de las familias es otro de los saldos que esta violencia incontrolada va dejando. Por ello, ¡ya basta! Tenemos que elevar la voz para rescatar el Estado y reencauzar la aplicación de estrategias y políticas públicas que le devuelvan a nuestro país la paz social, la convivencia, la confianza para hacer negocios fuera de la extorsión, el gasto público en beneficio de la comunidad no de los intereses del crimen, la aplicación de la ley, así de sencillo, pero a la vez desmontar todas las redes de corrupción y complicidad y encontrar la ruta de la aplicación de la ley así a secas, pero tan necesaria en estos críticos momentos donde el país ensangrentado y dolido lo reclama.

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