Samuel Aguilar Solis

El presidente fracasado

López Obrador se afana en demostrar que es un fracasado, pero la tragedia es que es nuestro país, y ello nos lleva a trabajar más arduamente para echarlos del poder en 2024.

Cuando en 2018 López Obrador ganó de manera legal y legítima la presidencia de la República, aún creo, los más escépticos con él no imaginaban la magnitud de lo que sería su fracaso ya como gobernante, un eslogan de campaña que habían machacado sus adversarios en el año 2006, lo dibujaban como “un peligro para México”. Cuánta razón tuvieron desde entonces.

Hoy, a cuatro años del ‘gobierno’ de López, lo único que cuentan son los hechos y no hay nada, por más palabrería de su propaganda diaria que pueda tapar la grave y triste realidad que aqueja a los mexicanos, y no solo en el diario acontecer, sino que la destrucción que López Obrador ha hecho de instituciones y programas pone en el mediano y largo plazo una perspectiva de destrucción institucional que no será fácil recomponer en el tiempo. En política, hay que recordar que es necesario hacer lo que se dice y decir lo que se hace, y el presidente no hace nada positivo y dice diariamente un cúmulo de mentiras o medias verdades. Hoy, a más de la mitad del sexenio, en una gran cantidad de mexicanos hay la percepción de que López Obrador NO sabe cómo gobernar a México, y en política, la percepción cuenta más que la realidad. Esta es la realidad, la popularidad que pueda aún mantener es otra cosa porque si uno escudriña bien las encuestas serias que hay, la reprobación de las acciones gubernamentales es constante y al alza. Ya sabemos que este es el gobierno de un solo hombre como buen autócrata que es (es el ‘todólogo’). Entonces, el rechazo al gobierno está marcado como reprobado.

En la larga marcha para llegar al poder, López Obrador prometió acabar con la corrupción, terminar con la grave violencia e inseguridad que existía en el país, salir del bache de un crecimiento económico mediocre que había caracterizado los últimos años a la economía mexicana, regresar a los militares a sus cuarteles para no militarizar la vida nacional, y poniendo como prioridad a los pobres, terminar con la pobreza y desigualdad sociales. Sin embargo, a cuatro años con la responsabilidad gubernamental no solo no ha cumplido con estas promesas electorales, sino que todas y cada una de ellas se han agravado, y se ha deteriorado la vida democrática y legal por las acciones y propaganda que día a día López mantiene como si lo que verdaderamente quisiera es destruir al país.

Hoy, la violencia y la inseguridad carcomen las instituciones e impiden la realización de las actividades normales de una sociedad, varias regiones literalmente están controladas por el crimen organizado y dos facultades constitucionales del Estado, como es el cobro de impuestos y el monopolio de la fuerza, son de los criminales. Los números oficiales en este ‘gobierno’ hablan ya de 125 mil homicidios dolosos, pero no hay que olvidar que otra grave tragedia azota a nuestro país, que son las desapariciones forzadas, y esas cifras no entran aún en las cuentas de los homicidios dolosos.

La ausencia de una verdadera política económica y los dichos y acciones en contra de la inversión privada, amén de la secuelas de la pandemia en esta materia, y de los impactos del incremento de los granos, fertilizantes y combustibles con la guerra en Ucrania por la invasión de Rusia a ese país han puesto a México en una muy grave situación económica, ya que no solo no se pudo mantener las cifras del crecimiento mediocre anterior a la llegada de López Obrador al poder, sino que ahora, en promedio, hay un decrecimiento de -3.8 por ciento del PIB en estos casi cuatro años de la etapa lopezobradorista. Terrible situación si consideramos que entre más tronada está la economía, menos las oportunidades de empleos formales, y en consecuencia, una mayor pobreza y desigualdad social, todo lo contrario a lo que el presidente se comprometió y lo que pregona como mantra: “primero los pobres”. La realidad es lo contrario, mayores pobres, según Coneval en sus cifras de 2020, casi nueve millones más y una mayor brecha social.

Ni la corrupción se ha terminado ni la transparencia caracteriza a este ‘gobierno’. Casi 80 por ciento de las obras que hace son por adjudicaciones directas, sin licitaciones como lo marca la ley, y escándalos que terminan difuminándose en tantas noticias y propaganda que no se conocen de aplicación de la ley a los que han caído por corruptos, salvo algunos cambios de dependencia de los funcionarios señalados, como si eso fuera la manera de encubrir la falta de aplicación y combate frontal a la corrupción, como fue el caso de Segalmex, por ejemplo.

La presencia militar, incluyendo la Guardia Nacional, invade la vida nacional, pero también los degrada al llevarlos a múltiples ocupaciones como las prioridades de las obras de construcción del presidente, que no solo no son sus funciones, sino que contribuyen a la opacidad del gasto público y a posibles actos de corrupción en el seno de los altos mandos del Ejército, particularmente, mientras que la violencia continúa agudizándose en el país, sin que su presencia en las calles tenga algún impacto en la reducción de la violencia y sí múltiples videos que circulan en redes sociales de la manera que los delincuentes los tratan, los humillan, bajo el amparo de las instrucciones presidenciales y de la caricatura de acción gubernamental de “abrazos no balazos”. La falta de espacio nos impide hacer un recuento aún más detallado de otros temas, pero en lo que más aqueja a los mexicanos, que son los temas de inseguridad, violencia, economía y de salud, los resultados son desastrosos. López se afana en demostrar que es un fracasado pero la tragedia es que es nuestro país, y ello nos lleva a trabajar más arduamente para echarlos del poder en 2024.

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