Samuel Aguilar Solis

¿Se institucionaliza Morena?

Morena, el movimiento político creado por López Obrador para ganar la presidencia en 2018, es el instrumento político-electoral del autócrata para sostenerse en el poder.

El mazacote político llamado Morena, el movimiento político creado por López Obrador para ganar la presidencia en 2018, no es un partido político que esté en el poder, sino el instrumento político-electoral del autócrata para sostenerse en el poder, pero como ya vimos, no le ha sido suficiente para sacar, aún y con sus acólitos (Partido del Trabajo y Verde), las reformas que últimamente se le han ocurrido al presidente y así es como seguirá hasta el resto del sexenio porque definitivamente no está dispuesto López a tener acuerdos políticos, hacer política pues, con el resto de los partidos representados en el Congreso, y que tres de ellos (PAN, PRI y PRD) mantienen una alianza política que han ejercido no solo en el Congreso (en donde han tenido, en algunos casos, el respaldo también de MC) sino sobre todo en las elecciones federales del año pasado y en cuatro de las seis entidades donde hace unas semanas hubo elecciones locales.

Morena ha lanzado la convocatoria para iniciar un proceso de regulación legal de sus órganos internos para los últimos días de julio y los primeros de agosto, ya que prácticamente se ‘gobierna’ por inercias o presiones internas de las tribus que coexisten en su interior. Si efectivamente se respetara la ley y las autoridades electorales las aplicaran también, ese movimiento quizá ya no existiera legalmente porque se la pasan con sus propios miembros y hacia fuera violentando la ley y sus ‘normas’ internas entre ellos mismos, pero, si en el país existe un Estado tan débil que prácticamente abdica de sus funciones, ¿qué podemos esperar de un ‘partido político’ como Morena?

Sin órganos internos con legalidad establecidos porque han rebasado desde hace tiempo su periodo formal, tanto en lo nacional como en lo local, la legitimidad se ha erosionado y solo la fuerza de ‘valores entendidos’ o acciones autoritarias o sospechas de que es una ‘instrucción superior’ han logrado sobrevivir desde que López Obrador dejó la dirección nacional. Pero no hay nada de sorprenderse, ya que los partidos políticos carismáticos han sido así históricamente, y así como se formaron se extinguen cuando el líder, por una u otra razón, desaparece, así fue con Hitler o Mussolini, quizá el partido de Charles de Gaulle fue el único que logró sobrevivir a su líder, pero justo aquí es donde quiero señalar que eso fue porque el partido gaullista (recordemos que no existió solo uno) pudo institucionalizarse a diferencia de los otros que funcionaron solo como ‘correas de transmisión’ de los deseos, ocurrencias o necesidades de sus líderes creadores.

¿Hay hoy alguien capaz de sustituir a López Obrador en el liderazgo del movimiento político que creó a su imagen y semejanza? De entrada, la respuesta es fácil: NO, nadie de los que hasta hoy lo acompañan tienen el carisma, la narrativa o el conocimiento en tierra del país, como lo pudo hacer él, y como Morena es ‘su criatura’, muchos de los grupos que hoy pululan en su interior o cercanos no necesariamente podrán acompañar otro personaje, por más ‘hereder@’ que digan que es o se presente esa persona misma ante los morenistas y la sociedad en general, pero la ausencia de reglas, órganos internos, disciplina, en una palabra, la ausencia de institucionalización de Morena es un punto de debilidad que, me parece, la oposición no ha vislumbrado ni sabido aprovechar para generar una serie de contradicciones al interior, a fin de resquebrajar el bloque en el poder incluyendo a los acólitos, o ¿acaso alguien tiene certezas de la ‘lealtad’ de los partidos del Trabajo y Verde al terminar el sexenio actual? , o ¿del comportamiento de algunos de los agrupamientos o liderazgos individuales dentro del actual mazacote de Morena? López Obrador, obvio, aunque no vaya en la boleta electoral en 2024, lo menos que querría es dejar suelto el proceso, querrá no sólo ganar, y hará todo lo legal y no para que quien a defina como su sucesor(a) gane, pero después de eso nadie garantizará que Morena, lo que hasta hoy ha logrado ganar en el territorio, se mantenga si no existe un proceso de institucionalización y si a la vez, López Obrador mantiene la idea del cacicazgo a distancia con un ‘maximato tropical’.

De ahí que la importancia de las elecciones el año que entra se convierte en estratégica porque si la coalición opositora logra mantener esos espacios, hoy gobernados por militantes del PRI en gobiernos de su coalición, entonces eso traería consecuencias de quién puede ser el candidato de Morena, y eso creo favorecería a Ebrard porque su perfil podría atraer votantes o simpatizantes de la coalición opositora, pero si se pierden Estado de México y Coahuila, eso favorecería a la jefa de Gobierno de la Ciudad de México porque la oposición quedaría hecha polvo; es por ello que la crisis que ahora vive el dirigente del PRI y los cuestionamientos que se le hacen al del PAN tienen que resolverlos de inmediato si quieren ser competitivos, y aprovechar la lucha por el poder que en la guerra de posiciones en esta renovación de las estructuras y órganos de gobierno interno se dará en unas semanas en Morena, entre los diferentes aspirantes a la candidatura a la presidencia y las diferentes ‘tribus’, que simplemente por sostener o alcanzar esos espacios se dará en el plano local.

Así pues, ¿dejará como herencia López Obrador un partido político o el movimiento que lo encumbró en la presidencia de la República desaparecerá con su retiro? ¿Sera capaz Morena en el mediano plazo de ser un partido político o se mantendrá como movimiento-instrumento del populismo y seguirá siendo una amenaza a la democracia liberal en México? Y, ¿la oposición logrará entender que su proceso de cartelizacion fue lo que la llevó a su estado actual de crisis y tendrá una respuesta estructural y democrática? Y por último, ¿existirá un despertar ciudadano o seguirá esa inercia valemadrista hacia la política y el destino del país?

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