Samuel Aguilar Solis

La disyuntiva de López

Morena se fue construyendo como un mazacote político donde pudieron caber desde personajes de la izquierda radical hasta militantes del Yunque.

El movimiento político Morena que López Obrador formó en su obsesión por llegar a la presidencia de la República fue constituido bajo el liderazgo carismático de su fundador y como tal desde el principio se organizó sin una estructura institucional de partido político, sino como ‘movimiento’ que permitiera sumar las alianzas que su líder iba armando por regiones o en el plano nacional sin que hubiera de por medio un programa o una ideología, sino solo la ambición de los sumados de acceder al poder. Es por ello que Morena se fue construyendo como un mazacote político donde pudieron caber desde personajes de la izquierda radical hasta militantes del Yunque, la organización de extrema derecha que históricamente habían estado ligados al PAN. Hay que recordar con Max Weber, el sociólogo alemán de fines del siglo XIX y principios del siglo XX y que dedicó parte de su obra al análisis del liderazgo carismático que “el portador del carisma abraza el cometido que le ha sido asignado y exige obediencia y adhesión en virtud de su misión”. Así que Morena solo fue y es el instrumento del liderazgo carismático de su fundador y líder real y único.

Con el triunfo de López Obrador en 2018, Morena ha tenido la paradoja de ser el partido oficial ‘en el gobierno’ pero apenas y en medio de una crisis interna ha podido renovar su dirección nacional y ha servido para apoyo legislativo a las iniciativas del presidente, sin realmente tener absolutamente ninguna influencia en las decisiones gubernamentales, y su inoperancia como partido se evidenció aún más con la selección para las candidaturas en este 2021 con sus crisis internas y la ausencia de una verdadera estructura institucional. Si fuéramos estrictos podríamos hasta decir que Morena sin López Obrador no existe, que es ‘un tigre de papel’ como dijo del imperialismo Mao en 1956 y que su existencia es como ‘movimiento’ aglutinador de intereses particulares o de facciones pero que al final ‘existe’ por inercia del liderazgo carismático de su verdadero líder y fundador que bien a bien no se sabe si consciente o inconsciente no se decide a institucionalizar el ‘movimiento’ en un verdadero partido político o de plano dejarlo que muera para que dentro de su ego pueda finalmente decir que la llegada al poder fue solo su obra y que sin su liderazgo Morena se extingue, y si esa misión, al decir de López Obrador, ya la está cumpliendo, entonces si logra realizar ‘su misión’, ¿para que querría la continuidad de Morena?, amén de que los hasta ahora destapados o autodestapados ninguno cuenta ni con el liderazgo ni con el carisma que López Obrador ha mostrado.

El riesgo de que Morena no sea institucionalizado y continúe solo como el movimiento de su líder y con la experiencia reciente en la definición de las candidaturas en el país de que no cuente con estructuras y métodos institucionales para gobernarse, es que la decisión de las candidaturas incluyendo la presidencial de 2024 genere violencia ( como ya se evidenció en el pasado proceso electoral ) e inestabilidad, pero no solo en Morena, sino también en el país al no tener reglas, ni métodos, ni contrapesos a las decisiones unipersonales del líder real. El hecho de que Morena no se institucionalice sería que el liderazgo carismático de López se ponga a prueba con sus propios lugartenientes, ahora enfrascados y enfrentados por la sucesión. Pero si Morena es como hemos dicho un movimiento del líder carismático, entonces, así como está, no será heredado porque no puede ser heredado un movimiento que se debe solo a su líder y por tanto no garantiza el seguimiento de sus miembros a alguno de los actores destapados, y si López quiere pasar a la historia como es su discurso enfermizo de su ‘misión’, entonces lo más probable es que deje al garete la sucesión en Morena y a este mismo si es que no se conforma como verdadero partido político institucionalizado.

Hay experiencias históricas en el mundo de los dos casos: 1) de movimientos políticos que han surgido y desaparecieron con la muerte de sus líderes como fue el caso de el partido nacional fascista de Mussolini y el partido nacional socialista de Hitler; y 2) el movimiento de la República liderado por Charles de Gaulle y transformado en el partido político que ya institucionalizado logró sobrevivir aún y después de la muerte del general De Gaulle. Así que la pregunta no es banal: ¿que hará López?

La aportación que en estas mismas páginas de El Financiero hizo el viernes René Delgado abona a la necesaria discusión y atención que tenemos que dar a este tema de la crisis de los partidos, porque afecta no solo a sus militantes o simpatizantes, sino al sistema de partidos, al sistema político y a la democracia mexicana, y eso sí nos debe de interesar a todos. Si la democracia no existe sin los partidos políticos y lo que hay en los tradicionales es una crisis y Morena no existe más que como movimiento de un liderazgo carismático, entonces querrá decir que el momento de la democracia mexica está en un verdadero pantano y que la reconstrucción del sistema político y por supuesto de una democracia real y de calidad está a años luz.

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