Samuel Aguilar Solis

El hechicero

Unos se preguntarán ¿cómo es posible que los electores estén dando una intención de voto a favor de Morena cuando hay resultados solo negativos?

Se dice que el encantamiento es un especie de conjuro o hechizo creado con palabras que el hechicero realiza para transgredir el comportamiento natural de las cosas o la voluntad de las personas invocando o alabando una deidad. Si esto lo extrapolamos a la política diríamos que eso fue lo que un ‘hechicero’ hizo en 2018 para alcanzar su triunfo en medio del hartazgo que la corrupción del sexenio de Peña Nieto había causado en la población, para que a través de invocar al ‘pueblo bueno’, este nuevo ‘encantador de serpientes’ pudiera lograr por fin su meta de llegar a la presidencia después de dos intentos fallidos. Ahora el hechicero pudo ‘encantar’ al pueblo con palabras embaucadoras presentándose como la persona que tenía las respuestas para todos los males que aquejaban a la nación. A saber: un crecimiento económico mediocre (2 por ciento del PIB en promedio) que no permitía crear empleos y mantenía a la mayoría de la población en pobreza y con una gran desigualdad social; una violencia e inseguridad desatada que venía in creccendo desde 2006, azotando a vastas regiones del país; un incremento en la corrupción y la impunidad manifiesta que carcomía al aparato gubernamental y fusionaba la última etapa del modelo económico como un ‘capitalismo de amigos’ y una gran desconfianza y desaprobación de la clase política, con una cartelización de los partidos políticos, sumidos todos en la corrupción, invocando al dios moralízate y encomendándose a su varita mágica de que con su voluntad (ya que para él ‘gobernar no tiene ciencia’) sería la panacea para México.

Pero la realidad y la dificultad de gobernar una sociedad plural y compleja se vio pronto agudizada por la simpleza de las fórmulas que ‘el hechicero’ quiso emplear para la solución de los problemas. Al primer reto le impuso una ‘austeridad republicana’ que hizo desaparecer programas, se gastó el fondo de estabilización para en caso de una emergencia económica, canceló obras ya en construcción como el aeropuerto de la Ciudad de México, desapareció fondos y fideicomisos que apoyaban diversas actividades económicas, de investigación o cultura para amplios sectores sociales; eliminó el Seguro Popular y comenzó a vociferar contra la inversión privada y a apostar que el crecimiento económico vendría inflando el gasto repartiendo directo dinero a algunos sectores sociales y así se reactivaría la economía.

Si como bien sabemos no tenemos una real oposición política-partidaria porque fue barrida en la elección de 2018 y no tuvo esta capacidad de regenerarse porque nunca ha tenido la voluntad de hacer un profundo análisis autocrítico sobre su paso por el ejercicio del poder, y si ahora se presentan aliadas y con los mismos actores, no da aliento al ciudadano para votar ahora por ellos, solo queda la idea del mal menor, una especie de voto útil para botar de la mayoría a Morena de la Cámara de Diputados y convertir a esta cámara del Congreso en un contrapeso en el marco de la división de poderes que caracteriza a una democracia.

La evaluación, por cierto, del gobierno del autócrata-hechicero es mala, un pésimo gobierno en términos de resultados, pero han logrado a través de la propaganda mantener las emociones contra los partidos de la coalición PAN-PRI-PRD y pese a la ineptitud, corrupción y mala administración, la ‘oposición’ no logra comunicar las emociones, las ideas y las propuestas para construir una narrativa a su favor, y ahí es el punto sensible y estratégico donde Morena aprovecha lo que el ‘hechicero’ ha logrado construir: un discurso hacia un pueblo víctima de los poderosos, que ahora obnubilado un sector importante de la sociedad por el ‘hechicero’, se siente parte de una misión sobrenatural para purificar la vida pública nacional y, por qué no, hasta vengarse de lo que piensan no pocos de ellos de que su condición social se debe al ejercicio inmoral del poder que los ahora agrupados como oposición de Morena hicieron en sus gobiernos.

En un análisis racional unos se preguntarán cómo es posible que los electores estén dando una intención de voto a favor de Morena, cuando hay resultados solo negativos en el manejo de la pandemia, el proceso de vacunación, el manejo de la economía, la imparable violencia e inseguridad, la corrupción, la transparencia, cuando las compras y contratos del gobierno son asignaciones etcétera, etcétera, pero entonces lo que hay que reconocer es que lo que no hay es ciudadanía, y que el voto no es racional sino emocional y ‘la oposición’ escuálida no logra entender eso aún y que la sola ira contra ‘el hechicero’ lo que hace es caer en su juego porque la ira y la venganza en política lleva a un camino sin retorno en la polarización y nunca será una salida democrática para construir la alternancia política.

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