“Pocos días después de la Batalla de Zacatecas, Alfredo Breceda, secretario particular de Venustiano Carranza, viajó a Nueva York para hacer pública el 27 de Junio una declaración ante La Prensa en la que acusaba al general Felipe Ángeles de haber atizado las diferencias entre Villa y el Primer Jefe, provocando en forma deliberada, la ruptura por su política y sus ambiciones personales”. ( New York Times, junio 28 de 1918).
Aburrido en Estados Unidos, tras tres años de exilio, Felipe Ángeles cruzaba la frontera cerca de El Paso, Texas, para unirse, rompiendo su juramento, a la fuerza guerrillera de Pancho Villa. Nadie ha llegado a manifestar cuál fue la razón para que Felipe Ángeles volviera a internarse en México, abandonando en EU a su esposa y a cuatro hijos, pese a la prohibición para hacerlo.
Fue poco su éxito ya que había declarado: “Mi muerte hará más bien a la causa democrática que todas las gestiones de mi vida. La sangre de los mártires fecunda las buenas causas.”
Después del gran fracaso del general Felipe Ángeles con los villistas, en noviembre de 1919, el general Ángeles era conducido prisionero para ser juzgado por un consejo de guerra en Chihuahua, “por su incumplimiento de nunca más regresar a México, menos para participar en actividades bélicas contra el Ejército del presidente Carranza”. Quien lo odiaba.
Sabía bien que su brillante carrera militar, con estancias en Francia para hacerse un maestro en el arte de la guerra, su regreso a México para tener él, como general de división, al criminal Villa como su comandante y que en noviembre de 1919 lo sorprendieron y lo tomaron prisionero y lo condujeron de Parral a Chihuahua como prisionero, bien amarrado para ser juzgado en Chihuahua por un Consejo de Guerra. (Leí todo su proceso completo).
Ángeles sabía bien que la sentencia de muerte por traidor iba a ser, como lo fue el 25 de noviembre de 1919, el destino final de su atrabancado viaje.
El proceso duró 40 horas y su ejecución se llevó a cabo al salir el sol. Sin embargo, antes habló y habló tratando de ganar tiempo e intentar prolongar su lucha por si el azar le salvaba la vida. EL jurado nunca lo apremió. Todas esas horas lo escuchó con atención. Ángeles no lo pudo lograr y cuando apenas amanecía, el 26 de noviembre de 1919, cuando acababa de cumplir 50 años, fue fusilado por traidor, dejando en EU a su esposa viuda con cuatro hijos, que debía mantener”.
Del libro: Felipe Ángeles, el estratega. Autor: Adolfo Gilly. Ediciones ERA.