Salvador Garcia Linan

Ubicación en la realidad

Escribo mi ‘realidad’ por la preocupación de lo que está pasando en México y el mundo en este momento, comenta Salvador García Liñán.

La realidad, nuestra realidad se construye socialmente. Es una cualidad propia de los hechos y de los acontecimientos que son independientes o que los podemos reconocer como tales, ya que no podemos eliminarlos.

El conocimiento, por otro lado, es la certidumbre de que los fenómenos son reales y que no podemos despreciar sus características específicas.

Todos nosotros, hagamos lo que hagamos o no lo hagamos, para nosotros esos fenómenos son reales y sin que lo investiguemos, poseen características netas, poseen características específicas.

En el mundo donde todos vivimos y donde no solemos detenernos a pensarlo, esos aconteceres en “nuestro mundo” son reales, aunque en condiciones naturaleza y valores diferentes.

La “realidad” del hombre de la calle puede ser diferente a mi “realidad”, como lo es ahora escribir mi columna periodística para El Financiero.

En forma clara, yo no lo escribo como un instrumento de supervivencia, ni de poder, ni económico. Hay quizás un significado social al pensarlo, escribirlo y terminarlo. Mis conocimientos, experiencia y deseos de hacerlo y enviarlo me acercan a mi fin.

Podría destacar el hecho de escribirlo, en tres fundamentos:

1.- Mi preocupación por todo lo que está pasando en México y en todo el mundo, en este momento por la pandemia, por un largo y cansador encierro y por un presidente alejado con frialdad del dolor del pueblo, despreciándolo como siempre ha despreciado el uso constante de cubrebocas, sin burlarse de los que lo portamos.

2.- Desconocimiento de lo que será la vida en el mundo, en mi país, en mi familia y en mi propia existencia.

3.- Nuestra situación histórica, social, política, económica, mental y sus significados.

Tales entendimientos, experiencias e ignorancia, crecerán no porque lo busque, sin saber si sería una situación correcta para interpretar a mi mundo, el cual parece haberse alejado de mi experiencia, deseo y control.

Como no quiero parecer una plañidera pagada para un funeral, quiero aceptar que carezco del conocimiento, del deseo, de la aptitud y de la habilidad que me genera ausencia de capacidad, de imaginación y de orientación, lo que me impide poseer o adquirir destreza individual de manera natural, para interpretar al mundo y al gobierno de mi país, como ahora desgraciadamente se nos presentan.

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