Los profesores universitarios, principalmente los de “a distancia”, tienen pocas formas de mantener una “comunicación actualizada” con sus alumnos y exalumnos que ya terminaron sus carreras, pero que aún, muchos de ellos, no logran conseguir empleo.
De mis exalumnos me preocupa que con la aparición del coronavirus, sus conocimientos y destrezas, adquiridos en sus estudios pre-coronavirus, no estén actualizados. No estén al día.
¿Antes del coronavirus estudiaron la profesión correcta para ellos? ¿El Plan de Estudios que cursaron en su carrera está ahora actualizado y vigente? ¿Está proyectado hacia las necesidades presentes y futuras, admitiendo todos los cambios y necesidades diversas y diferentes que se están generando?
No hace mucho tiempo, a mis alumnos les bastaba, para diseñar su futuro, contestar la pregunta: ¿Qué te gustaría hacer? Para así sentirse tranquilos de que iban en la dirección correcta, bacia un eficiente desempeño profesional.
Ahora, los planes de estudio que se diseñaron durante los años de quietud, como si el mundo hubiera estado detenido, son inoperantes. Desactualizados. Inaplicables. ¡Pero no los cambian!
Ayer lunes 9 de agosto, al principiar el nuevo semestre en la UNAM en la forma no presencial, los alumnos no están recibiendo la enseñanza que debería contemplar la erosión del coronavirus. Lo estoy observando: siguen “transmitiendo” la misma monserga que han “enseñado” los último veinte años o más.
Por ello sugiero a los profesores, principalmente a los que tienen muchos años enseñando la misma materia, que autoanalicen con sinceridad: “¿esta materia, en agosto de 2021, es útil para el desempeño de la profesión futura de los jóvenes que la están estudiando?
Para diseñar un nuevo y eficiente Plan de Estudios a nivel universitario, se requiere lo siguiente del Profesor: rediseñar, modernizar la materia que impartían para no seguirla transmitiendo como lo hacían antes del coronavirus.
Para plantear los contenidos de las renovadas asignaturas, se requiere creatividad para que los alumnos tengan una guía actualizada y moderna y así poder enfrentar y evitar las graves anomalías que los profesores, “aún los más vividos” suelen cometer: no modernizar y no actualizar las materias que imparten, como lo han mal hecho, durante muchos años.
Sugiero a los profesores jóvenes de nuestra UNAM, proponerse orientar a sus alumnos sobre la forma de iniciar su vida para que nunca dejen de intentar y de hacer lo que les gusta hacer.
Apóyenlos a seguir usando cubrebocas, pero que nunca cubran su imaginación.
Nota: dedico este sencillo artículo a mi imaginativo y entusiasta profesor de Química del tercer año de Secundaria: el señor Izaquirre, de 75 años de edad. Entonces. (De D´artagan, como él me llamaba).