Salvador Garcia Linan

Veneno de plástico

Se ha convertido en un producto cotidiano, que nos acompaña en prácticamente todos los aparatos y envases con los que convivimos actualmente.

En el año de 1955, el término “plástico” se definía de la siguiente forma: “Material dúctil y blando que se deja modelar fácilmente. Un grupo de materiales nuevos, con propiedades más importantes y útiles que los de muchas sustancias naturales.” (Según el Diccionario Enciclopédico Abreviado)

Eso que resultaba novedoso se ha convertido en un producto cotidiano, que nos acompaña en prácticamente todos los aparatos y envases con los que convivimos actualmente.

La producción mundial anual de plástico ha aumentado cada año, desde la década de 1950, alcanzando 359 millones de toneladas métricas en 2018. En la actualidad, México ocupa el cuarto lugar en el mundo en la producción de plásticos.

Trabajando en la industria refresquera, en los años 70, recibí una invitación para visitar una planta embotelladora de Filadelfia, la cual era la primera planta en vender su producto en botellas de plástico PET (tereftalato de polietileno).

El plástico es el material que compone una mayor proporción de la basura que flota en los océanos del mundo. El movimiento del mar y la luz solar van desgastando y rompiendo gran parte de las botellas de plástico en partículas más pequeñas llamadas “microplásticos”, fragmentos de menos de 5 milímetros de ancho.

La contaminación, principalmente por las botellas de refrescos y envases de productos alimenticios, está afectando los océanos.

Para comprender y parar de inmediato esa creciente contaminación por los plásticos y saber cómo se está realizando y afectando los océanos, los científicos investigan constantemente, rastreando por satélite los lugares en donde se acumulan los miles de toneladas de plástico y la cantidad que se encuentra depositada en el fondo del mar.

Las investigaciones documentaron por primera vez la cantidad de desechos de plástico en los océanos en la década de 1970, justamente cuando las embotelladoras de refrescos comenzaron a vender sus productos en envases de esa sustancia.

Hoy en día representan del 80 al 85% de la basura marina.

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