La Feria

El Mayo: el retrato de un criminal que el gobierno olvida

El derecho de las víctimas mexicanas del narcotraficante quedó suspendido con el secuestro en suelo mexicano de ‘El Mayo’, en una trama urdida entre la familia Guzmán y agencias estadounidenses como el FBI.

Hoy pide clemencia. Quiere pasar sus últimos días con cuidado médico. Reconoce sus hechos criminales. Acepta la cadena perpetua. No es cierto que se cierra una era del narco en México. Porque lo que reconoció el lunes Ismael El Mayo Zambada fue ante autoridades de Estados Unidos en un juicio de origen espurio. Y porque todo eso, el fin de su carrera, no sosiega a sus víctimas de ayer, hoy y mañana.

La presidenta Claudia Sheinbaum debe reclamar a Estados Unidos el no haberle permitido ser parte, a nombre de su país, del enjuiciamiento de Zambada. El derecho de las víctimas mexicanas del narcotraficante quedó suspendido con el secuestro en suelo mexicano de El Mayo, en una trama urdida entre la familia Guzmán y agencias estadounidenses como el FBI.

Desde el lunes, la mandataria recrimina que Estados Unidos haya mentido, vía su embajador Ken Salazar, cuando, tras conocerse el rapto en julio de 2024, el representante de Washington en México dijo que su gobierno nada supo de esos eventos ocurridos en Culiacán. La presidenta dice que reclama en nombre de la soberanía, pero su énfasis no lamenta, ni por mucho, la obstrucción de la posibilidad de la justicia mexicana.

En agosto pasado, en su comparecencia ante un juez en Brooklyn, Zambada reconoció haber liderado una organización que corrompió en México a policías, militares, comandantes y políticos para que le dejaran operar libremente. Y aceptó haber ordenado la muerte de rivales, violencia en la que “mucha gente inocente murió”.

La carrera criminal de Zambada es una de las brújulas que explican lo mismo el auge del tráfico de cocaína colombiana a través del suelo, el aire y las aguas mexicanas, como las costosas guerras con otros grupos delincuenciales del narco en los últimos 30 años.

Un ejemplo de esto lo narra Diego E. Osorno en El Cártel de Sinaloa*: “El 11 de septiembre de 2004, más de quinientas balas fueron disparadas en el estacionamiento de Cinépolis de Culiacán. Varias de esas balas atravesaron los cuerpos de un cuidacoches, cinco sicarios, así como de Rodolfo Carrillo Fuentes y Gionvanna Quevedo, su hermosa novia de 18 años. Al hermano menor de El Señor de los Cielos le decían El Niño de Oro y su muerte simbolizó el fin de la alianza que habían formado el Cártel de Sinaloa y el de Juárez para conformar un solo grupo que controlara el tráfico de drogas en todo el país”.

Benjamin T. Smith en La Droga. La verdadera historia del narcotráfico en México** narra que un abogado de El Mayo decía que “el 99 por ciento de los funcionarios era corrupto, no hay uno solo que no acepte dinero” (sic, por aquello de que entonces 100% lo sería). Y también ahí se señala al Cártel de Sinaloa, encabezado por Zambada y El Chapo Guzmán, de tener acuerdos con el gobierno de Calderón.

Un juicio es una oportunidad para la verdad. El que se está cerrando en Estados Unidos en contra de El Mayo deja al gobierno de la presidenta Sheinbaum, y de paso, a la sociedad de Sinaloa y de México a oscuras; les niega la posibilidad de conocer de crímenes, de complicidades y, por supuesto, incluso del paradero de personas eliminadas por estos criminales y cuyas familias aún los buscan.

¿En su sexenio López Obrador siquiera intentó detener a El Mayo? Es más: una vez detenido, en tiempos ya de Sheinbaum, además de reclamar por el espurio método mediante el cual se hicieron del capo, ¿pidió a Washington algo más que explicaciones?

El gobierno mexicano reclama por un secuestro ilegal, pero no se interesa por reconstruir el caso criminal de un capo que tanto daño hizo y cuyas secuelas las padecerán Sinaloa y México por un tiempo indeterminado: porque sin verdad, sin justicia, ni reparación del daño, es imposible la garantía de no repetición.

De nada le sirve a México el fin de la carrera de un criminal impune en nuestro país.

*Grijalbo, 2009

**Debate 2022

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