La responsabilidad define a los políticos. Los hay marrulleros, que a toda costa en medio de las crisis buscan tretas para no asumirse responsables. Los hay con miras de estadista, que en azarosos momentos muestran altura, empatía y encajan costos. Morena no se caracteriza por esto último, sino por lo primero.
En algún futuro sabremos los reales motivos de la presidenta Claudia Sheinbaum para invitar a Víctor Rodríguez Padilla como director de Pemex al arrancar su sexenio.¿Necesitaba un hombre de paja que, por su incapacidad para investigarlo, dejara tranquilo al exdirector Octavio Romero, renuente a salir del puesto? ¿A un nopalito que no objetaría que la secretaria de Energía tripulara la petrolera? Quizá.
El hecho es que lo nombró y todo México supo que Rodríguez Padilla estaba de adorno. Hasta él, que no ocultaba que su afán no pasaba por dedicar hasta el último minuto a la emproblemada companía, sino en disfrutar las mieles del cargo. Por ejemplo, cuentan que alegando que en su familia corría el interés por la arquitectura, forzó a privados para que le consiguieran una visita personal al remodelado estadio Azteca. El destino quiso que antes del día pactado se conociera del derrame petrolero cuyo manejo sería un escándalo. Los anfitriones creyeron que, responsablemente, cancelaría. Llegó puntualísimo, y no solo, a lo que era su prioridad. A los proveedores no les pagaba, pero él se armó su propio tour al que meses más tarde sería sede mundialista.
Hace mes y medio la mandataria decidió enmendar. Sin embargo, no lo hizo debidamente. Las relaciones laborales tienen códigos, y las de poder ni qué decir. En vez de simplemente aceptarle la renuncia a quien nada aportó, prodigó elogios y le permitió autovanagloriarse. No tenía que haber sido grosera con su subalterno, pero permitirle la elocuencia de falaces logros delante de ella le compromete. Máxime que siguió en el equipo de la presidenta en un puesto de consolación.
El viernes se conocieron insoportables imágenes donde Rodríguez Padilla es un pájaro loco de la violencia de género en contra de su esposa. El gobierno tenía que haberlo sabido, pues la víctima intentó denunciar al funcionario. ¿Qué hizo tras la difusión del video la administración del “llegamos todas”? Intentó escabullirse, trató de evadir su responsabilidad al señalar que el nuevo nombramiento no se había materializado. Qué falta de responsable altura muestra el gobierno en tan sensible asunto.
Se tienen que hacer cargo del Rodríguez Padilla de Pemex y del que nombraron en una dependencia menor de la Secretaría de Energía. De lo contrario, la señal es clara: no asumen que el alto honor que les fue conferido incluye asumir responsabilidad cuando fallan. Despedirlo fulminantemente y aceptar que siempre fue un error mantenerlo era mejor mensaje que cantinflear tras la difusión del video.
No es de ahora que Sheinbaum y otros en su movimiento presentan confusión (y tratan de confundir) con respecto a la responsabilidad que les atañe. En Veracruz hay un ejemplo donde este gobierno muestra que hacerse responsable no parece estar en su credo.
Va a hacer un mes de que la periodista Roxana Berenice Guzmán fue sustraída por hombres embozados en su domicilio en Nanchital. El secuestro quedó grabado y fue difundido de inmediato. La semana pasada, sin que se conozca aún el paradero de la reportera, se dio a conocer que cuatro policías fueron detenidos por el rapto.
Tras conocerse el plagio, Rocío Nahle no defruadó sus antecedentes al frente del gobierno de Veracruz: primero desestimó que el hecho, atroz así fuera una ciudadana no periodista, no tenía que ver con la función de la reportera, y luego reiteró que la autoridad respeta la libertad de prensa y obviedades por el estilo.
Nahle no quiere entender que “respetar la libertad de expresión”, además de obligación antes que mérito, es apenas la mitad de su chamba: como gobernante ha de procurar, al límite de su capacidad, las condiciones para que todos respeten las leyes y los derechos.
Morena confunde o deliberadamente rehuye, y ello incluye a la presidenta cuando habla de los desaparecidos, su obligación: la tarea no está cumplida si el gobierno no desaparece gente o no secuestra periodistas: su trabajo es que otros no puedan hacerlo. Y que cuando lo hagan, el gobernante sea el primero en ponerse del lado de las víctimas, el más interesado en castigar y prevenir nuevos delitos.
En Veracruz, para sorpresa de nadie, la policía de un municipio está involucrada en el secuestro de una periodista, por cuyo destino se teme lo peor. La gobernadora Nahle no asume plenamente la responsabilidad a la que está obligada. Y para el caso, la presidenta lo mismo, viendo ése y otros casos contra la prensa y contra las familias de desaparecidos, de lejitos, desde la camioneta, sin hacerse verdaderamente responsables.