El caso de la morenista Nancy Nápoles es, una vez más, como de cuento de Ibargüengoitia, incluida la moraleja: en este pueblo, diríase, los ladrones y corruptos son pocos y pequeños, unos charalitos; quienes tienen mayor tentación de pecar, esos nunca lo hacen. Ajá.
Nápoles encabeza el ayuntamiento de Tenancingo, Estado de México. La verdad, su nombre sería poco conocido nacionalmente si no fuera porque la fiscalía estatal la acusa de autosecuestrarse para tapar un faltante en el municipio de 40 millones de pesos.
Ella alega inocencia. Pero dos de sus presuntos cómplices están ya detenidos. Una manera de ver este asunto es congratularse de que una persona del régimen sea investigada. Otra es ponerse de mal pensado.
Con pleno uso de sus nuevas siglas, quienes integran Morena llevan ocho años ganando gubernaturas. En 2018, junto con AMLO en la Presidencia, llegaron a ejecutivos estatales Adán Augusto López (Tabasco), el cuñado de este, Rutilio Escandón (Chiapas), Cuitláhuac García (pobre Veracruz), y a la CDMX, Claudia Sheinbaum.
Ese mismo año, y relevante para el tema de hoy, por una cosa, digamos, híbrida en términos obradoristas, se hizo de Morelos el inefable exalcalde de Cuernavaca Cuauhtémoc Blanco. En 2021 se confirmaría la racha ganadora guinda, con las y los gobernadores que ahora van de salida, hasta dominar dos terceras partes de los estados.
Eso nos regresa a Nancy Nápoles y otros como ella. En el futuro se preguntarán cómo es que, en un país con tanta corrupción, en Morena no hay gobernadores en barandilla por delitos, abusos, desvíos, robos, negligencias ni nada parecido (podemos decir que el caso de Jaime Bonilla, efímero mandatario de Baja California y hoy cuadro del ‘PT’ confirmaría la regla). ¿Solo se corrompen los de abajo?
En tiempos de Peña Nieto (podría escribir como decía AMLO, “magínense, en tiempos del licenciado Peña”), cayeron a la cárcel o fueron procesados priistas como Andrés Granier (Tabasco), Javier Duarte (Veracruz), Roberto Borge (Quintana Roo), Eugenio Hernández (Tamaulipas) y César Duarte (Chihuahua). Varios siguen presos. Entre los panistas enfrentaron procesos Guillermo Padrés y Luis Armando Reynoso, de Sonora y Aguascalientes, respectivamente.
Esta lista es ilustrativa, para nada exhaustiva. Y, hablando de autoinvestigarse a nivel gabinete, con todos los asteriscos que deseen, fue en el propio sexenio de EPN que Emilio Lozoya tuvo que dejar la dirección de Pemex para luego verse contra las cuerdas de la entonces PGR.
Así antes. En el antes neoliberal y, por ende, dirían los morenistas, corrupto. En el hoy, bajo el operativo llamado Enjambre, a veces detienen a alcaldes de un lado del Edomex, morenistas o no, y otras a algunos en Morelos… Al final, decenas de funcionarios de media tabla (hay un recuento que ya cifra en más de 70 esos procesados). Los delitos de los que son acusados varían, pero incluyen corrupción.
Qué bueno que, de ser culpables, funcionarios del nivel municipal, el más cercano a la gente, sean procesados y reciban castigo. Pero no deja de ser intrigante cómo en estos tiempos de barrer las escaleras de arriba a abajo, ese arriba es muy abajo del señor o la señora gobernadora, según sea al caso, de cada entidad. ¿Los de arriba se portan requetebién, mientras los ratones de abajo hacen fiesta?
La verdad, no suena lógico: ¿o sea que roban los que menos acceso tienen a mucho presupuesto? ¿Y los gobernadores, que tripulan sus congresos, ni en cuenta?
No sé si Nancy Nápoles es inocente. Sé que es muy raro que solo ella, y decenas como ella, parezcan protagonistas de la corrupción. No vuela.