La Feria

Chihuahua, por ejemplo

Maru Campos, gobernadora de Chihuahua, no ha podido explicar con puntualidad cómo fue que al menos cuatro agentes de la CIA participaban en operativos en su estado, incluidos los dos fallecidos.

En política lo que cuentan son los resultados. Hay cínicos que llevan eso al extremo, y otros dirán que solo es realpolitik, que éxito justifica método. Lo indiscutible es que quienes recurren a pretextos, apestan a fracaso. Y Morena en Chihuahua acaba de tener uno.

Tras ganar en 2018, Morena inauguró la presidencia sectaria. El PRI de antes vivió un proceso inverso. De ejercer el poder con el “a balazos llegamos y a balazos nos sacarán”, el tricolor fue forzado a ir desprendiéndose de gubernaturas y luego de mayorías legislativas.

En general, las alternancias de 2000 a 2018 aceptaron la composición pluralista del país. Desde hace ocho años la cosa es muy distinta. Morena no acepta la legitimidad de la oposición, y aunque AMLO y Claudia Sheinbaum al tomar posesión prometieron gobernar para todos, ejerció el primero y ejerce la segunda el poder a favor de su partido.

La elección de 2024 fue un antes y un después del cariz faccioso de Andrés Manuel López Obrador. No solo determinó la interna de su partido, sino que fue el ariete que erosionó las posibilidades de la oposición, particularmente de Xóchitl Gálvez como aspirante a la Presidencia. El resto era historia hasta el CIA-Gate de Chihuahua.

Hace justo un mes en la Tarahumara un vehículo se desbarrancó y la revelación fue que entre las víctimas mortales del que se considera un accidente estaban dos agentes de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA, en inglés).

Maru Campos, gobernadora de Chihuahua, no ha podido explicar con puntualidad cómo fue que al menos cuatro agentes de la CIA participaban en operativos en su estado, incluidos los dos fallecidos. Por el caso ya renunció el exfiscal general de la entidad.

A Morena le vino de perlas. Si de por sí el partido oficial tiene en el discurso soberanista muy puntal ante la embestida in crescendo de Donald Trump y su equipo, que el panismo de Chihuahua se metiera a la cama con la CIA servía muy bien para ese propósito. La mesa parecía servida: al telegrafiado cambio de liderazgo en Morena le urgía una causa para olvidar el desastre político por los dos intentos de reforma electoral de la presidenta, frustrados por sus propios aliados. Y encima, Chihuahua irá a las urnas en 2027.

Y en eso llegó, a finales de abril, la acusación en contra de Rubén Rocha y nueve funcionarios y exfuncionarios sinaloenses. Si antes Morena quería revivir con la CIA en Chihuahua el fervor patrio, ahora necesitaba una cortina de humo tan gigantesca como Chihuahua.

Así nació la marcha del sábado en Chihuahua capital. Así nació el primer frentazo de Ariadna Montiel como dirigente nacional de Morena, y el más visible de Andrés Manuel López Beltrán. La concentración fue todo menos masiva o contundente. Es decir, un soberbio fracaso.

En Morena han querido culpar a Maru Campos de que les bloquearan caminos o del feo recibimiento que Montiel y Andy tuvieron en el aeropuerto de Chihuahua. Harían bien en acusar el golpe y pensar una nueva estrategia. Con quejas y pretextos solo evidencian que no se prepararon suficientemente, que el éxito lo trabajó Maru Campos.

Desde 2018 los gobernadores de oposición han aguantado rechiflas en actos presidenciales, desdén de Palacio, trato diferenciado y embates de una Federación que apapacha al movimiento. Ahora en Chihuahua la dirigencia guinda vio que no es lo mismo sin la aguilita.

Maru no parecía una rival formidable, pero con su trato disparejo y errores como el sabatino, en una de esas hacen crecer a esa y a otras figuras opositoras.

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