“En su campaña presidencial, Ávila Camacho, a quien injustamente llamaron El Soldado Desconocido”, cuenta José Emilio Pacheco*, “llega a un pueblo que lo recibe con despliegues jubilosos de cohetes. El candidato oficial pregunta a su ayudante: ‘Huele rarísimo: ¿qué será?’. Le responde: ‘Es pólvora, mi general’”.
Algo así puede contarse de la gobernadora de Guerrero Evelyn Salgado.
Seguro cuando este miércoles llegó a Alcozacán, Guerrero, a ver a los desplazados de la zona de Chilapa, pudo haber expresado, ah qué zona tan peculiar, por qué será que en mis 55 meses al frente del gobierno nunca me habían traído para acá mis asesores.
Encima, la gobernadora tardó casi una semana en arribar a la zona donde desde el 6 de abril integrantes del grupo criminal Los Ardillos iniciaron una nueva andanada de ataques que se cobró varias vidas, atentados que forzaron el desplazamiento de un centenar de familias.
A pesar de lo anterior, de esa indolencia de días y años, Evelyn Salgado este miércoles prometió esto: “No vamos a dejar solas a las familias; seguimos trabajando de manera coordinada para preservar la seguridad, atender a la población y fortalecer la paz en la región”.
Cómo hace un político para tardar seis días en apersonarse a la zona donde mujeres y niños lloran su desconsuelo en videos que graban para pedir auxilio ante el abandono de las autoridades, y como si nada comunicar que no van “a dejar solas a las familias”. ¿Toman un entrenamiento especial? ¿Hay algún cónclave en el que se pasan los tips para no morir de la risa mientras prometen algo que para la gente puede ser de vida o muerte y para ellos es la forma de salir del paso?
La secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, estuvo también en el salón de usos múltiples donde ella y Evelyn dieron, a nombre de sus respectivos gobiernos, al fin la cara a las víctimas de desplazamiento forzado. Las declaraciones de la primera merecen sus comillas.
“La violencia nunca será el camino. El camino es el diálogo, la construcción de acuerdos y la presencia responsable del Estado para acompañar a las comunidades y garantizar condiciones de paz, seguridad y dignidad para todos”, dijo la secretaria de Gobernación.
Es de suponer que quien le escribió ese discurso cobrará este día una quincena bien devengada. Bonitas palabras. Otra cosa es pensar, hablando de situaciones que serían cómicas si no implicaran una gran tragedia, qué atinado puede ser decirle a decenas de niñas, niños, mujeres y ancianos, víctimas desplazadas de las comunidades de Chicotlán, Tula y Acahuhuetlán mediante drones que les arrojaban explosivos, que “el camino es el diálogo”.
Y, cómo no, les prometieron ferias de servicios y trámites y hasta un tianguis del Bienestar a gente que dejó sus parcelas y animales, obligada a internarse en el monte con lo que malamente traían puesto para huir de balas y bombas.
En su sexenio, AMLO visitó esta zona en tres ocasiones; en octubre de 2021 asumió la gubernatura guerrerense Evelyn Salgado, pero “durante las últimas cuatro administraciones, Los Ardillos han gobernado el municipio de Chilapa” (Chilapa, la saga asesina de Los Ardillos, Luis Hernández Navarro, La Jornada, 12/05/26).
Ayer los desplazados fueron transportados por la Federación de regreso a sus poblados. Llega así la hora de los gobiernos de dejar la palabrería y garantizar con hechos lo único que no les ofrecieron a estas víctimas, la seguridad de que no correrán riesgo.
Cosa contraria, la gobernadora de Guerrero, y para el caso también la secretaria de Gobernación, se podrían ganar el mote de gobernantes desconocidas.
*Inventario, Antología, Ediciones Era, 2017